viernes, 13 de diciembre de 2024
La edad va dejando experiencia
Amigas y amigos:
Este pasado 31 de marzo cumplí mis primeros 53 años de vida profesional. No es ocioso ni gratuito: también cumplo hoy 52 años de casado con mi novia-amiga-amante-compañera Marcela, la misma adorable mujer y profesionista; 10 años de ser profesor de odontología en tres escuelas y facultades (que equivalen a unas 30 generaciones); más de 45 como conferencista en la ADM, FDI, ADDF y en forma independiente; muchos de ser padre —que no es cosa fácil—, pocos de ser abuelo—que es una delicia—, muchos de ser dirigente y lo que se llama líder de opinión (sea lo que sea) y más de 53 de ser escritor —que no es otra cosa que ser una especie de conciencia de nuestro país, de nuestra profesión, de nuestro tiempo y nuestra circunstancia.
Soy de los que verdaderamente vivieron—junto con algunos otros colegas fui actor y testigo— el movimiento estudiantil-popular de 1968, fui fundador de tres escuelas o áreas de odontología, de dos o tres asociaciones profesionales, uno de los iniciadores de las clínicas de multiservicios en nuestra profesión y otra en la especialidad de odontología del sueño en México; el primer dentista en escribir y publicar dos novelas y muchos cuentos breves, cerca de 100 artículos científicos o profesionales, en dar cursos de mercadotecnia odontológica en el mundo de habla hispana, en ser portavoz de tres compañías mundiales y de escribir cinco libros sobre este tema (uno con dos ediciones).
También tengo experiencia en fundar escuelas de odontología: he fundado tres, que ahora inmediatamente cerraría. ¿Por qué? Porque he presenciado—igual que todos ustedes—la debacle que han formado en nuestra profesión la indiscriminada formación de dentistas sin controles de calidad en sus estudios y la abundancia de escuelas de odontología basadas en mezquinos intereses comerciales y, sobre todo, por la falta de control por parte DE LAS AUTORIDADES Y ASOCIACIONES GREMIALES correspondientes.
Ya no hay pacientes para todos. No de los que puedan pagar, y el gobierno sigue sin asumir su responsabilidad en atender a los que no pueden hacerlo. Todos sabemos que cuando la oferta de servicios supera a su demanda, todos tenemos que bajar nuestros honorarios y disminuir el número de posibles pacientes. La teoría es asesinada por la experiencia, dicen que dijo Albert Einstein.
Les puedo asegurar que, como todos, he cometido muchos errores, que son el impuesto que pagamos por vivir. Son las cicatrices de la vida, como las canas. Pero no me arrepiento de lo que he hecho. Y me arrepiento mucho de no haber hecho más cosas y de lo que no-he-hecho. ¿No les hubiera gustado dar la vuelta al mundo, conocer más miembros del sexo opuesto, comer en los mejores restaurantes, divertirse más y explorar el Amazonas o volar un jet de combate? ¿O fundar una empresa, filmar una película, cantar profesionalmente o fundar una empresa de inteligencia artificial?
Miren esta imagen cinematográfica: La vida es un larguísimo pasillo que lleva del nacimiento hasta la muerte y que tiene muchas puertas cerradas a ambos lados. La mayor parte de la gente pasa por el pasillo y no abre ninguna puerta: llegan a la muerte sin haber conocido muchas cosas. Yo pienso que hay que ir abriendo las puertas que se nos van presentando a izquierda y derecha.
Al asomarnos al interior de éstas, veremos cosas nuevas y diferentes, y sabremos qué es lo que nos atrae y qué no lo hace. A veces son oportunidades mucho mejores que la que hemos escogido. Porque debemos reconocer que uno escoge su carrera en la peor etapa de su vida: cuando nos falta experiencia, no sabemos la importancia de ganar un buen salario, y ni idea tenemos de los enormes gastos e inversiones que nos esperan en el futuro… o la salud que nos depara nuestra vida.
Los que me leen ahora, ¿volverían a estudiar odontología? La respuesta es fácil: muchos de ustedes no lo harían. A esa edad no sabemos lo que queremos, en la gran mayoría de los casos ni sabemos cuántas carreras hay y nos dejamos guiar por nuestros amigos y parientes; creemos que vamos a salvar a la humanidad (que luego ni nos hace caso), y somos, en general, quijotes. De joven uno puede darse el lujo de ser quijote, pero cuídense, porque de viejo se vuelve uno un “que-hijote”.
Volviendo a hablar del pasillo largo que es la vida: en este camino les sugiero que abran las puertas laterales, tómense el tiempo necesario dentro de aquellas que les satisfagan. Yo lo hice. ¿Y adivinen qué? Eso me llevó a conocer la literatura, la política, las buenas relaciones públicas, las artes, la ciencia (que es lo único en lo que creo), la buena comida y bebida,, muchas personas inigualables de las que aprendí enormidades, problemas a los que con ayuda de otros afortunadamente encontré solución—y experiencia—y al conocimiento (modesto, si se quiere) y a la inquietud por seguirme superando y—por qué negarlo—a situaciones de las que alcancé a salir vivo sólo por un pelo, pero de las que aprendí mucho a pesar de los golpes que me llevé o me dieron. Por lo menos aprendí a no meterme en esos caminos. Hubo otras, afortunadamente pocas, en las que fracasé. Pero hasta de eso aprendí. ¡Aprende uno hasta de sus fracasos!
Que no les cuenten: estoy convencido de que el verdadero infierno es el temor al cambio, el miedo, el creer en todo lo que nos dicen nuestros maestros y políticos; en nuestra ignorancia y en la de los demás—pocas cosas tan temibles como la ignorancia en acción—, el fundamentalismo religioso y político, el rencor, pero sobre todo la envidia, la ingratitud y la soberbia—que son de los pecados inconfesables, porque todo ello nos inmoviliza. Podemos confesar muchas cosas, pero la envidia y la ingratitud, nunca. ¿Verdad?
Cuando hemos ido teniendo éxito, muchos de nuestros conocidos nos profesan la envidia al éxito. Éxito a qué? ¿Al profesional, al sexual al familiar? No quiero que ustedes, mis amigos, vivan un infierno. Así que—aunque cueste mucho trabajo— hay que librarse de estos pecados indecibles que a veces son peores que muchos de los católicamente llamados “mortales”. ¿Cómo se libra uno de ellos? Cambiando los caminos trillados con cultura y mente amplia, valentía, con seguridad en nosotros mismos, moviéndonos, avanzando, leyendo, cultivándonos y mejorándonos… y aguantando y tratando de mejorar a los idiotas, a los ignorantes y conservadores.
A veces—muchas—hay que cambiar de “amigos”. Ni modo. Cámbienlos a tiempo y no permitan que sean un lastre en sus vidas (que es la única que tendrán). Hay personas que se esfuerzan porque el globo aerostático no vuele. Recuerden que hay que viajar ligeros, y eso incluye deshacerse de las personas tóxicas. ¿Cómo reconocerlas? Son las que sacan lo peor de nosotros, las que nos hacen sentirnos devaluados, delincuentes, ignorantes, enojados, débiles, atemorizados, inadecuados, enojados- (¡Ah, la gran culpa judeo-cristiana!)
Las personas más exitosas son aquellas que saben aplicar el plan B (cambiar de ambiente, amigos y personal) y se rodean de personas que sacan lo mejor de nosotros y nos hacen valiente y amigos, seguros de nosotros mismo, valiosos, capaces, amados, respetados y apreciados.
¿Se han fijado que los que vamos teniendo experiencia queremos dejar la vida a los que nos siguen, para que les sea menos dura? Y generalmente los jóvenes, arrogantes y escépticos, no la acogen ni mucho menos la aprecian o agradecen.
El error de la juventud es pensar que la astucia y el intelecto primario compensa la falta de experiencia, en tanto que el error de los adultos es pensar que la pura experiencia sustituye a la inteligencia nata y a la actualización.
Hablando a los más jóvenes: curiosamente, quienes hablamos de la feria es porque ya hemos estado en ella un buen rato. No hemos llegado a esta edad cometiendo, perdón, pendejadas. Nos han pasado las cosas que NO queremos que les pasen a ustedes. Dicen que un hombre sabio escarmienta al ver lo que sucede a los demás Y que uno más sabio no se espera a ver lo que le sucede a los demás, sino que aprende de lo que le dicen. Nunca he visto esto.
Para llegar a esta mi edad siendo productivo he aprendido muchas cosas: que tenemos desde jovenzuelos que fijarnos objetivos ambiciosos, pero logrables (y luego fijarnos otros más y más altos); que hay que ser cultos, astutos, pacientes y perseverantes, a aprender de los demás, y si se puede, conseguirnos un buen mentor que nos guíe; a ser buenas personas, generosas y éticas, ser fieles a nuestros valores personales; a ser congruentes entre lo que hacemos, decimos y pensamos; a estar dispuestos a cambiar nuestras creencias cuando se presenten otras más verdaderas. Dicen que en la vida no hay nada constante, excepto el cambio. El hombre debe ser siempre flexible como una caña, no rígido como el cedro.
Hay que amar y disfrutar a tiempo (como dijeron José José y Marco Antonio); a vivir el presente y reconocer que hay una edad para cada cosa. Después de todo, el pasado no se puede cambiar y el futuro aún no llega. Hay que deshacerse a tiempo—lo repito—de compromisos y conocidos intrascendentes, fatuos y que no nos aporten nada. Reconozcan siempre a sus verdaderos amigos como aquellos que sacan lo mejor en ustedes; que desean que ustedes mejoren, no los que quieran que ustedes vean y cometan errores. Reconozcan como sus enemigos a quienes les hagan sacar su peor parte—tener bajos valores en la vida, faltar a sus familias, embriagarse, consumir drogas, delinquir, engañar a los demás, maldecir, ser crueles, débiles, pesimistas e intolerantes—y quienes los quieran llevar al pasado. Desháganse de ellos de una buena vez. Y desconfíen profundamente de quienes se vanaglorian de sus éxitos y conocimientos y no los aportan al bien común. Esos son huecos y no merecen ser amigos de nadie.
Algo muy importante: Nunca cambien un solo día de éxitos profesionales por un día de alegría y sin remordimientos con su familia y amigos. Hay que aprender que los pequeños asuetos esporádicos son muy necesarios… y sabrosos.
Sin importar credos ni religiones (que siempre nos hablan de un posible más allá siempre que nos portemos bien según sus reglas o “leyes”) debemos concentrarnos en el aquí y en el ahora, con nuestras familias, amigos, empleados, pacientes y colegas y no colegas —pero sobre todo, y les juro que no exagero, con la frase del prócer Vicente Guerrero tamborileando en nuestra mente, “la Patria es primero…la Patria es primero…”
Esto último es sorprendente para casi todos los dentistas y médicos que lo escuchan por primera vez, pero hay que recordar que lo poco o mucho que tenemos, lo que han hecho nuestras familias, nuestros antepasados, se lo deben a este país que merece mucho mejores dirigentes y políticos y salir de la idioticracia: México.
Tras esto escrito, les deseo a todos los que me escuchan o leen, las mejores fiestas del 2023 y el mejor 2024, sin los obstáculos que nos perjudicaron un sexenio.
¡Muchas felicidades para todoso mis amigos y amigas! Les deseo a todos, a mi país, salud, dinero y amor y mucha mucha paz! ¡Y deseo de todo corazón que todos cumplamos muchos más años, pero siempre actualizados y preparados para el futuro.
miércoles, 20 de noviembre de 2024
LO QUE FALTA EN LA CARRERA DE ODONTOLOGIA PARTE 2 Y FINAL
Aún así, siendo éstas cirujanas dentistas, me ha tocado ver, al entrevistarlas de a dos en dos, y pedirles que me demuestren su capacidad y conocimientos para anestesiar regionalmente sin dolor a su compañera, que algunas de ellas han atravesado inadvertidamente la mejilla de su compañera, derramando el bloqueador… en el suelo. ¿Quién les enseña a anestesiar? Retírenlo, por favor.
La odontología moderna, actual, es la que se puede hacer porque el paciente no experimenta dolor durante las maniobras (puede que después quede un poco adolorido). Es decir: hemos avanzado en técnicas debido a que podemos hacerlo tranquilamente al saber que no estamos causando daño al paciente en ese momento. Si esto no es así, si le duele al paciente, si se le salen las lágrimas no es por “nervios” o por angustia: es porque le duele. Y eso hace que tengamos que hacer la odontología previa a 1930. Y que nos quedemos sin pacientes.
Pero no para ahí la cosa: me han tocado como alumnos algunos que no “pueden ver al cadáver”, o peor: le tienen asco a la sangre o a la saliva. ¿Pues qué nadie les había dicho cuál era su área de trabajo? Eso es imperdonable, y hace que haya una súper abundancia de así-llamados-dentistas que se dedican a no ver nunca sangre. Como en la rehabilitación oral, la endodoncia o la ortodoncia… o hasta la odontología sanitaria.
Ahora, muchos de mis colegas, entre ellos algunos amigos y alumnos míos no hacen extracciones ordinarias (ni hablar de las quirúrgicas). En mis tiempos de más juventud los dentistas éramos conocidos por “sacamuelas”: todos extraíamos dientes afectados. A mi y a mi equipo nos tocó inclusive reducir fracturas mandibulares, quitar mucoceles, hacer biopsias (una salió cancerosa). Y no éramos especialistas, éramos alumnos no recuerdo si de 9º o 10º semestre. ¿Y qué hacen estos dentistas a los que aludí primero? Pues, mandan las extracciones más ordinarias con los benditos cirujanos máxilo-faciales, que deberían estar para procedimientos mucho más complicados. Bueno, de algo tenían que vivir éstos últimos.
Entonces: hay dentistas que no saben hacer diagnósticos, no saben hacer el procedimiento requerido y no saber hacer el pronóstico (lo que va a suceder). Ah, tampoco saben qué recetar. ¿Esos pueden llamarse cirujanos (y recalco la palabra) dentistas?
Necesitamos que se vuelvan a establecer las clases de ética y Deontología Profesionales. ¿A cuántos de ustedes les han llegado pacientes a los que les prometen las perlas de la virgen por algo que no es necesario? Cuantos de sus pacientes les llegan al consultorio con pésimos trabajos de endodoncia o con horribles soluciones de ortodoncia, dejando maloclusiones que luego han de volverse problemas periodontales? ¿Cuántos de sus pacientes los han dejado por el dentista de enfrente o el de “la clínica fulanodoncia” porque cobran más barato? Claro, cobran más barato en apariencia, porque si suman todo lo que cobran extra, resulta que no son tan económicos y que el dentista que los atendió “ya no trabaja aquí” la siguiente cita para que no lo puedan acusar de hacerlo mal. Casi todos son muchachos bien intencionados y con necesidad de trabajar, pero sin experiencia. Dije “casi todos”. Esto me trae a la cabeza la idea de que lo que ustedes más deben de proteger es su base de datos: la lista de sus pacientes con todos su datos de localización y hasta los procedimientos que han realizado en sus bocas, incluso las advertencias y, claro, sus consentimientos informados.
Muchos de ustedes no saben—porque no estuvieron ahí en esos años— todo lo que los fabricantes de resinas compuestas hicieron en los 70´s y 80´s para forzar al mercado sus productos, atacando a las fantásticas amalgamas. Estos magos de la publicidad ignoraban que el mercurio (al que le achacan todo tipo de males, desde el Parkinson hasta la demencia) pierde sus propiedades tóxicas una vez que se amalgama con el estaño y el zinc. Para mí, este material es muy superior a las resinas, exceptuando su color y su falta de estética. Pero puede usarse en molares sin problema, a menos de que sean cantantes o actores (que no es lo mismo, para nada, que ser “artistas”). Nada más comparen la duración de las obturaciones de resina por más avanzada que éstas sean y las de amalgama bien puesta.
Me da mucho orgullo ser exalumno de la ahora Facultad de Odontología de la UNAM, sede CU. Creo y seguiré creyendo que es la mejor del país, incluso mejor que las de paga. Ahí los alumnos nos damos un “baño de México”, porque hay alumnos de todos los estados y todas las clases sociales. Y obtenemos una mísitica universitaria que no les he notado a los que provienen de otras universidades. Los profesores son los mejor preparados y probablemente los mejor pagados (aunque eso es debatible) y con mayor experiencia profesional y deseo que mi Facultad así lo siga siendo. Y espero que estas ideas, coronadas por mis 55 años de experiencia profesional haciendo de todo (excepto endodoncia, placas totales e implantes) les sirva de orientación para seguir mejorando.
Se me quedan “cosas en el tintero”, como decíamos los escritores hace años. Pero cuando las vaya recordando y analizando las seguiré publicando.
martes, 19 de noviembre de 2024
LO QUE FALTA EN LA CARRERA DE ODONTOLOGIA EN MEXICO Parte 1
A lo largo de mi ya larga carrera en la profesión me he dado cuenta al tratar de contratar ayudantes y asociados que éstos y éstas no tienen ya la misma buena preparación que tuvo mi Generación 65-69 en la UNAM. Y es tiempo de hablar de ello, desde mi punto de vista de ser un profesionista con más de 55 años de practicar, tratando de ser el mejor, esta fantástica profesión, en la que me ha tocado innovar y fundar tres escuelas de odontología, mismas que ahora cerraría temporalmente.
En esos años, los estudiantes de odontología cursábamos las mismas materias que los de medicina humana. Cuando nos tocó disecar cadáveres, disecamos todo el cuerpo y no sólo la cabeza y el cuello. Los genios que escribieron el contenido de la carrera creen que la cabeza y el cuello trabajan independientemente del resto del cuerpo.
La farmacología que llevamos era de todo el cuerpo, no de la cabeza y el cuello y por eso estudiamos las drogas que podrían sernos útiles, como los anticolinérgicos (¿que es eso?, se han de preguntar los estudiantes de hoy), los hipnóticos, las vitaminas y minerales y en general toda la farmacología que a mí me ha resultado ser muy útil en mi vida profesional y casera. Por eso me choca que la deficiente COFEPRIS nos limite, ahora, a recetar antibióticos, anti-inflamatorios y analgésicos. Si un paciente saliva mucho, hay que usar anticolinérgicos, si está muy estres ado por nuestros procedimientos, debemos recetarla un sedante, lo mismo que si es un bruxista consumado. Eso no lo entienden en la COFEPRIS, lo que demuestra su falta de conocimiento de nuestra carrera y de la indivisibilidad del organismo.
Y lo mismos con otras materias: en bioquímica hay que enfatizar el conocimiento y la forma práctica. de aprovechar el Ciclo de Krebbs (o como se llame ahora), en fisiología no tendría caso aprender el funcionamiento del hígado para desprenderse de las toxinas y para formar nuevas sustancias, o de los riñones o qué es la diálisis, el reflujo gástrico o los posibles problemas de tener reflujos gastro-esofágicos al practicar la profesión o cuando desgraciadamente uno de nuestros pacientes se traga una incrustación o una corona. ¿Cuál es el peligro de una broncoaspiración? En patología, la importancia de mantener limpio el cuerpo de los terribles focos infecciosos buco-dentarios que afectan válvulas del corazón, músculos oculares, riñones y articulaciones. ¡Qué prestigio experimentaríamos si cuando sabemos que a uno de nuestros pacientes le van a operar la cadera o las rodillas, le hablamos a su médico para exponerle que tiene tantos y cuantos focos infeccioso que pueden alterar el pronóstico de la esperada cirugía¡
Hay cosas mucho más importantes: debería existir la materia seriada de Mercadotecnia y Organización del consultorio. A lo largo de mi vida, especialmente estos últimos 30 años, he sido pionero en la enseñanza de esta materia a lo largo de todo el país y de América Latina y he tenido la satisfacción de ser escuchado en mis cursos de 8 horas ¡por 20,000 cirujanos dentistas! Y de haber escrito cinco libros sobre el tema e incontables artículos en casi todas las revisas mexicanas de odontología (y en alguna extranjera también). No muchos conferencistas han tenido este honor que no lo tomo para mí, sino para México.
Esta materia aumentaría en los estudiantes la confianza de saber que no sólo están atendiendo pacientes, sino que podrán contar con un modo de vida cómodo y seguro. Porque además de enseñar a afijar honorarios, a escoger en dónde poner el consultorio, a trabajar en equipo con otros especialistas. Les enseñaría a tener listos los papeles que el paciente ha de firmar para librarnos de responsabilidades que hasta ahora ignoramos o sabemos a medias.
Y también les enseñaría a sacarle el jugo a la importante labor de las asistentes dentales. En mi libro vienen 85 nuevas funciones que puede y debe ejecutar el personal auxiliar… y puede haber más, haciendo que el consultorio sea visto más profesionalmente.
Esa es otra cosa: hay que tener escuelas universitarias anexas a las facultades y escuelas de odontología en las que se enseña a trabajar a las asistentes e higienistas tan necesarias. Pero sólo se puede hacer esta educación al mismo tiempo que se prepara a los cirujanos dentistas.
Hasta ahora, las asistentes nuestras han tenido que ser, desgraciadamente, cirujanas y cirujanos dentistas que no tienen los medios para pagar un consultorio. A ver: si las autoridades saben lo que cuesta estudiar nuestra carrera (la más cara del mundo), y lo que cuesta equipar decentemente un consultorio dental, ¿por qué no hacen exámenes de selección en donde los muchachos demuestren que pueden hacerse de estas cosas? ¡Suena clasista, verdad? Pero si nos damos cuenta el 50% o más de los profesionistas que actualmente estudian van a acabar siendo asistentes dentales. Es mucho costo para las universidades (claro: las de paga están felices, no les importa nada) y sólo sirve para que los padres de estos muchachos y muchachas puedan presumir que sus hijos son dentistas cuando en realidad están haciendo una labor por debajo de sus sueños.
lunes, 23 de septiembre de 2024
LA POPULARIDAD DE AMLO.
Andrés Manuel se retira con una popularidad que según las encuestadoras está entre el 60 y el 70% de la población con teléfono de todo el país.
Hay que preguntarse varias cosas.
La popularidad es fácil de conseguir si uno aparece diariamente durante varias horas diciendo ocurrencias que pueden ir desde lo trágico hasta lo cómico y risible. Cantinflas era más popular el Chavo del Ocho y Bozo el payasito también.
Pero la popularidad nada tiene que ver con la capacidad ni con la ética y menos con la inteligencia. Puede que con la sagacidad sí. Hitler llegó a ser más popular, Maduro en Venezuela también, Putin en Rusia, igual.
Parece ser que confundimos dos cosas: a AMLO con la gestión que afortunadamente para nosotros va a terminar. Si preguntamos a sus adoradores si AMLO lo hizo bien con la seguridad del país, si podemos circular libremente y a cualquier hora por las carreteras del país, nos llevaremos una sorpresa. Lo mismos si comparamos la popularidad de AMLO con el trato que se recibe en los supuestamente casi-daneses (o dinamarqueses, como quieran) servicios que brindan el IMSS y el ISSST$E o las guarderías de niños (¿existen todavía? ¿Sirven?) o con el despilfarro de cientos de MILES de MILLONES DE PESOS en obras suntuarias que todavía no dan fruto. Y como dijo Don Teofilito “ni lo darán”, como el AIFA, el Tren Maya (que desmadró la selva quintanarroense e hizo millonarios a varios de los amigos de AMLO) o la Refinería que no ha producido nada en Dos Bocas, Tabasco y otras muchas más veremos que la popularidad de AMLO y sus eficacia son dos cosas muy distintas.
Pregunten a los parientes del casi millón de muertos durante su sexenio, a los de los que murieron por su causa y la del Dr. Muerte-López Gatell, a los que murieron sin la oportunidad de recibir una atención médica profesional por médicos y médicas mexicanos de verdad (no los técnicos cubanos). Se llevarán oootra sorpresa. Realmente este sexenio va a quedar grabado en los anales de la estadística como que casi no hubo crecimiento poblacional.
Goebbels, el ministro nazi de propaganda fue quien dijo (pero no inventó)las frases “una mentira repetida mil veces se torna en verdad” y “la propaganda es una de las armas más efectivas de la guerra”. Vean a dónde llevaron a un pueblo culto como el alemán en los tiempos hitleranos.
Ver:https://psicologiaymente.com/social/principios-propaganda-goebbels
Los únicos que aplauden a AMLO son quienes, muchas veces sin merecerlo, reciben dinero de él, los que votan con el estómago y no con el cerebro. Pensar se les dificulta. Son los que han ayudado a que nuestro país, MEXICO, haya dejado de ser una nación reconocida y respetada en todo el mundo y se haya vuelto un narco-estado, como ya se ha demostrado muchas veces.
A los que vimos el Desfile Militar el pasado 16 de septiembre y nos asombramos ante el armamento moderno y el poder de fuego que tienen nuestras sufridas fuerzas armadas (los pobres soldados de a pie), ¿no se preguntan por qué con esas armas y esa capacidad de nuestros soldados no hayan limitado muchísimo el poder de los narcos? Porque que yo sepa, nuestros soldados y la mayoría de los marinos no son enviados a combatir al narco, a los carteles. El Comandante Supremo no los manda. O tiene miedo, o le saben algo o están de acuerdo.
Ojalá que AMLO tenga remordimientos. Pero luego recordé que los remordimientos los sufren solamente quienes tienen conciencia y moralidad…
Fue Presidente de México ¿y esto es todo lo que pudo hacer? ¿No se imaginó nada mejor? ¿Sus asesores no le dijeron nada?
Nomás nos falta que nuestra nueva Presidenta, a quien le deseo todo el bien (porque si le va bien a ella, le debe ir bien a los mexicanos) se ponga a transmitir mañaneras… y que los medios acudan a ellas. ¡Por favor, señores de los medios, ignoren esta manera de dirigir la atención y hagan sus trabajos!
lunes, 22 de julio de 2024
PENSAMIENTOS SUELTOS EN JULIO DE 2024
¿Se han dado cuenta de lo importante que son para nuestra carrera las mujeres? Yo pienso que ahora son mayoría en la odontología mexicana, cosa que perturba a los conferenciantes extranjeros que me han preguntado al verlas sentadas en los auditorios que “si son auxiliares dentales” y se luego se quedan con la boca abierta cuando les respondo que son cirujanas dentistas o su equivalente. Y es que en otros países es muy difícil que tantos jóvenes puedan pagar sus estudios. ¡Pobres! Carecen de una UNAM.
¿Por qué cuestan tanto los tratamientos serios y bien hechos de la odontología? (Noten que la palabra odontología y sus especialidades va sin mayúscula, por favor). Hay muchos factores que la encarecen, pero seamos sinceros: cobramos caro. Y de nosotros han aprendido los técnicos dentales y, peor aún, las casas comerciales. Me he dado cuenta de que en México sólo disponemos de los materiales dentales más costosos del mercado, cuando en EEUU y Europa tienen resinas, materiales de impresión como los vinilsiloxanos, fresas y otras cosas de más bajo precio y similar calidad a los que nos venden acá. Por ejemplo: si vamos a reconstruir un muñon para colocar una corona, ¿por qué tenemos que hacer el muñón con resinas costosas si van a estar enterradas (por decirle de alguna manera) bajo una corona? Independientemente de que todo ha subido, en parte gracias a la 4T (aumentan los salarios mínimos a lo loco y causan inflación, claro), los comerciantes se han vuelto más glotones. Además, pocos dentistas se dan cuenta de que a mayor costo de sus servicios, menor es el número de quienes pueden pagarlos. Tengo alumnos que cobran $30 mil por colocar una guarda contra el ronquido (que ni siquiera ellos hacen y que les cuesta unos 150 dólares, o sean $2,700 más o menos). Eso se llama , aquí y en China (bueno, la verdad es que en China no sé) ro-bo. Dicen, y si no lo digo yo, que hasta los más ricos se sienten ricos hasta que van a que los atiendan los dentistas popis. Me temo que yo no soy la excepción.
Nunca en mi vida he visto tantos gringos comprando en el Walmart de Miguel Ángel de Quevedo como ahora. Nunca había visto tantos rubios (y rubias, afortunadamente) y orientales en los restaurantes y cafés de la colonia Condesa o de la Roma. ¡Claro¡ La Ciudad de México, y el país mismo, era una de las más económicas del mundo hasta hace unos años (ahora tenemos el dudoso honor de estar entre las más caras). Acá los extranjeros con dólares o euros hacen maravillas, aunque nos quieran hacer creer que el tipo de cambio se debe a un “súper-peso”, cuando la verdad es que las remesas y el que no compremos en el extranjero . nos han ayudado mucho. ¿Esta “gentrificación” es buena o mala? Pues buena porque trae divisas, pero mala porque cuando los extranjeros empiezan a alquilar depas y pagar restaurantes sin protestar por los precios estratosféricos, nos hacen a los mexicanos pagar más también. ¿Nos iremos a vivir a Honduras o a El Salvador?
martes, 16 de julio de 2024
DENTIMEX Y SONRIA SE VAN DE MEXICO
¡Ya era tiempo! Estas empresas que quitan el trabajo a los dentistas que se han preocupado por establecer sus consultorios y han trabajado duro (y arriesgado mucho) han desaparecido. Menciono a “Dentimex” porque la gran clínica que tenían cerca de mi área, en Av Insurgentes y Altavista está cerrada desde hace más de uno o dos años.
“Sonría” es otra cosa. Se fueron de México hacia su natal Colombia hace unos días dejando todo lo de escaso valor en UN DIA. En la mañana estaban trabajando y en la noche tomaron el avión (o el submarino) y se largaron sin pagar la renta y me imagino que otras cosas. Yo fui a la central de esta empresa porque el inmueble es de un amigio cercano y presenecié todo esto: cuartos polvosos con sillas (de sentarse, no dentales) amontonadas.Computadoras descompuestas, unos aparatos que creo son para limpiar dientes descompuestos ¿Para qué habrán querido tantísimas sillas? No eran menos de cincuenta. Ni modo: les salió lo “colombiano malo”… Aunque reconozco que hay millones de colombianos "buenos" y trabajadores y muchos son mis amigos.
La cosa es que así como a todos nos afectó la pandemia, a ellos también y me imagino finalmente se notó la falta de calidad constante en sus trabajos. Cambiaban a sus dentistas con demasiada frecuencia, que imagino eran recién graduados o personas sin experiencia, que por lógica no podían hacer trabajos buenos y de calidad constante. Si algún paciente deseaba quejarse por algo, “el doctor ya se había ido” y ¡pas! Le ponían a otr@. ¡Pobres dentistas! Sobre todo aquellos que vienen de universidades “patito” que quién sabe en dónde preparan a sus profesores.
Hagamos cuentas: en 2021 (cifras disponibles) éramos cerca de 125 millones de mexicanos, de los cuales digamos que el 60% de ellos no quieren o no pueden acudir a un dentista. Eso nos deja con 50 millones. Quitemos a los niños, a los de la tercera edad incapaces de pagar o con discapacidades y digamos que quedan 40 millones.
En 2022 (con cifras de INEGI) empezamos es año con 147 mil dentistas egresados de 170 universidades (la mayoría, supongo, “patito”) y estudiaban la carrera 65,866 muchachos y muchachas (cifras de IMCO).
Con cálculos en exceso optimistas, digamos que 40 millones de pacientes buscan dentista: dividamos 197,000 dentistas pues muchos de los estudiantes logran titularse entre 40 millones: tocan a 203 pacientes por dentista. ¿Ustedes creen que con eso alcanza para vivir? Depende a quién le pregunten, pero yo pienso que no.
Eso hace que surja una tremenda competencia entre los nuevos y viejos dentistas, que absurdamente se concreta en bajar honorarios en lugar de ofrecer más y mejores servicios y racionalizar los gastos, entre otras cosas. Yo obturo un diente con resina en 1500 pesos, el dentista recién graduado que se pone frente a mi consultorio la cobra en $100. ¿Por qué? Cuando vamos a aprender los dentistas a hacer un análisis matemático de lo que debemos cobrar por lo menos?
Creo que los colegios de dentistas deberían ser más asertivos con las autoridades escolares y exigir la no producción de dentistas de práctica general durante unos años. Esas “universidades” podrían ponerse a capacitar a los que lo requieran y a los que quieran especializarse.
Pero, vamos, eso es un sueño guajiro en este país en estos momentos.
viernes, 5 de julio de 2024
Una aventura en Guerrero en 1964
Más o menos en 1964, mi hermano mayor, el médico (y luego Senador) Hugo tenía un paciente que le estaba muy agradecido, era un profesor guerrerense, bajito y muy moreno él, que tenía “unos terrenitos” en la playa cercana a Zihuatanejo, y para pagarle algún favor o tratamiento que Hugo le había hecho y con el que había quedado muy bien, el profesor (cuyo nombre no recuerdo) decidió regalarle ¡10 mil metros cuadrados! en un sitio llamado Playa Blanca.
¿El problema? Es que no había carretera pavimentada de Acapulco a Zihuatanejo. Así que Hugo decidió pedirle prestado el Renolcito a mi mamá y yo me propuse como voluntario para acompañarlos.
Salimos una madrugada, como a las 5 de la mañana, manejando Hugo, yo en el asiento del copiloto y el profesor (que era un hombre de unos 45 años) en el asiento trasero. De un jalón llegamos a Acapulco por la carretera vieja, la que pasaba por el Cañón del Zopilote y por la que hacías 6 horas, y decidimos comer algo y seguirle hacia Zihuatanejo, que está al noroeste más o menos costeando.
Una vez que se acabó la cinta asfáltica, en un lugar que se llama Técpan de Galeana, tuvimos que cruzar de una manera peculiar un río casi sin caudal por la época del año llamado Técpan, de unos 80 metros de ancho: un niño como de 12 años va delante de tu coche guiando por donde puedes pasar que no esté muy profundo. Luego, le das una propina al niño, claro.
Se me olvidaba decirles que hacía poco que había pasado un huracán por ahí, así que había muchos árboles y palmeras tirados y las poblaciones, pobres de por sí, estaban más amoladas. Guerrero es de los estados más pobres del país debido, entre otras cosas, a su orografía impresionante que dificulta la comunicación, el comercio, la enseñanza y el progreso. Como ya se estaba haciendo de noche y a partir de ahí tendríamos que recorrer una vereda de terracería hasta Zihuatanejo (a donde llegabas solamente por avión en esa época), el Profe sugirió que buscáramos una casa de huéspedes. Hotel, ni soñarlo. Técpan era un pueblo de verdad: las calles no estaban pavimentadas, no había aceras, las casas eran de adobe, había cochinos con las colas cagadas en las calles, etc. Ya se imaginarán.
Bueno, preguntamos y nos dijeron en dónde podríamos pasar la noche. Una casa vieja, sin electricidad, con el baño o más bien letrina al fondo de un patio muy oscuro que tenía una fuente. El Profe se quedó en un cuarto y Hugo y yo en el único que había con dos camas. Nos dieron dos velas y unos cerillos, lo cual no importó porque en esa época tanto Hugo como yo fumábamos. Ah, para esto nos dieron de “cenar” y yo, acordándome de un buen consejo que me dio mi padre, pedí dos huevos fritos sobre una cama de arroz y un pan. Con eso tienes cuando te encuentres en sitios de los que desconoces o sospechas de su salubridad.
Nos fuimos a dormir, con la vela encendida por toda luz, era un sitio fantasmagórico. Nos quitamos la ropa y quedamos en calzoncillos y tras de platicar un rato, apagué la vela. A los pocos minutos, Hugo me pidió con cierta premura que prendiera la vela, porque “había algo en su cama”. Apurado, encendí la vela y él se levantó como de rayo. Sobre la sábana que tapaba el colchón estaba dibujada su silueta (de Hugo) pero ¡por chinches! No lo podíamos creer y no había para dónde hacerse, ya que no había otro cuarto. Eran cientos de chinches.
Hugo se puso a matar chinches, primero trató de hacerlo aplastándolas, pero estaban muy duras y si lo lograbas (aplastarlas) les salía sangre (la de Hugo). Eso nos dio asco, así que con un palillo que quién sabe de dónde sacó, Hugo las ensartaba y las metía a la flama de la vela hasta que tronaban y estallaban. Lindo, ¿no? Una imagen para un programa de terror. Esto no duró mucho porque ya eran como las 12 de la noche y nos caíamos de sueño.
Nos volvimos a meter a las camas (en la mía, extrañamente, no había ni una chinche, yo creo que porque mi sangre no les atraía).
Yo dormí muy bien, pero imagino que Hugo lo hizo mal. Al otro día, al levantarnos, como a las 7 AM, me enseñó mi hermano su espalda y le conté 70 piquetes. Así que tras quejarnos, que no ha de haber servido para nada, dejamos ese sitio y emprendimos la marcha en el cochecito otra vez.
El suelo estaba muy lodoso, y no era extraño que el auto se atorara o atascara. Eso no era problema, porque como el cochecito pesaba poco, nos bajábamos el Profe y yo y lo sacábamos del atolladero a empujones. Había tramos en los que el auto patinaba y no obedecía al volante.
Había veces en que estaba tan resbaladizo, que nos teníamos que bajar a dirigir al coche empujándolo, porque no hacía caso de la dirección de las ruedas. Claro que como íbamos a 30 kilómetros por hora, no pasaba nada. Los únicos vehículos que vimos fueron de dos clases: los camiones repartidores de cervezas y los de la Coca Cola. ¡Ah, los vicios del capitalismo!
En el trayecto, en donde pasábamos por pura selva virgen, se nos estrelló una parvada de pájaros en un costado. Pobres. No estaban acostumbrados a que les estorbaran su camino. Murieron una docena, pero nos dieron un buen susto. Más adelante hubo una experiencia más surrealista: brincó encima del cofre del auto una panterita negra. No era una pantera, son unos felinos negros como de 40 kilos que allá las llaman “Onzas” y se reconocen porque la punta de la cola forma un círculo perfecto y son, naturalmente, más pequeñas que los leopardos, por ejemplo. Seguramente también era su camino habitual y nunca se imaginó que pasara un auto por ahí. Poco a poco nos acercábamos a Playa Blanca, que está como a 50 kilómetros al sur de Zihuatanejo.
El Profe nos iba contando anécdotas, como la vez que en su noche de bodas y ya estando él acostado en la hamaca esperando a su flamante esposa, a ésta le picó un alacrán en la mano. Ella gritó adolorida y sorprendida y cuando él supo que había sido un alacrán, por toda respuesta le dio una cachetada tan fuerte que la hizo llorar de dolor y de humillación (después de todo era su noche de bodas) y con eso se curó del piquete (a lo mejor el Profe quería demostrar algo más). Según el Profe, y tiene su base fisiológica, el veneno se neutraliza con la adrenalina que suelta por el coraje la persona a la que golpeamos. Y sí: se curó y pasaron una noche buena. ¿Qué tal el remedio? Y así nos fue contando, unas cosas creíbles y otras no: fantasmas, apariciones, etc.
Llegamos a Playa Blanca. El camino por el que íbamos era paralelo al mar, como a 300 metros de distancia de la costa. Nos dirigimos a ella a través de un palmar de cocos y sólo había una casucha, muy pobre. Era la de la familia del Profe. En el camino nos había prometido que íbamos a comer unos huevos de tortuga exquisitos, como nunca los habíamos probado, etc. y cuando me preguntó si yo ya los había comido, le mentí presumiéndole que me encantaban, que eran buenísima fuente dé yodo (usted sabe, para estar con las damas, etc). Muy macha la cosa.
Llegamos a la casucha, dejamos el auto y todos nos quedamos en trajes de baño. Hugo y el Profe se fueron caminando hasta que se perdieron de vista (como unos 3 kilómetros, por la playa) y yo me hice amigo del sobrino del Profe, con el que me metí al mar. Al rato de estar platicando, oyendo el acento costeño que tenía el chamaco que era un poquito menor que yo, le pregunté si por ahí “no había tiburones” y me contestó con toda naturalidad que sí, que en ese momento había dos debajo de nosotros. Huelga decir que me salí, sin prisa pero sin pausa, como que no estaba asustado, pero me sorprendí al no tener que cambiarme los calzones.
Al rato, tres horas después, regresaron el Profe y Hugo. Los vi venir desde que parecían hormiguitas hasta que llegaron con nosotros y me llamó la atención que el Profe no traía puesto su traje de baño. Venía “a raíz” con las verijas colgándole y en su traje de baño hecho una bolsa, que tenía en la mano, traía huevos de tortuga porque había encontrado un nido en la arena.
Hugo, con la piel negra por el sol, me miró de soslayo, pero sin sonreir mucho, como diciendo “ahora te aguantas, hermanito”. El Profe tomó un huevo baboso, que son muy parecidos a las pelotas de pinpón, pero con la cáscara blanda; así que con las uñas arrancó un pedazo, le hizo un agujero al huevo y se lo exprimió en la boca e hizo cara de que había degustado la cosa más sabrosa del mundo, cerrando los ojos y todo. No me pude hacer para atrás, me arrepentí de haber mentido, y tomé otro huevo e hice lo mismo y me lo tragué. No sabía mal. Sabía efectivamente a yodo, pero lo que no pude aguantar fue la consistencia resbaladiza y viscosa de aquella sustancia que de otra forma hubiera sido una bella tortuguita. Inmediatamente que pasó a mi estómago, exigió salir y me tuve que dirigir al agua a vomitar. ¡Hasta ahí llegó mi presunción de que me encantaban los huevos de tortuga! Nunca los he vuelto a comer. Creo que ahora comerlos es hasta delito.
No recuerdo bien el regreso, aunque debe haber sido igual que la ida, aunque siempre el regreso se hace más tedioso. Lo único que recuerdo fue que en una parte del camino lleno de acantilados, como toda la costa del Pacífico—con unas vistas extraordinarias, por cierto— en que vas por un acantilado y se ve el mar abajo, vimos un lugar creo que le llamaban “El Bufadero”, en donde con cada ola que llegaba con velocidad salvaje (es mar abierto), salía vapor de agua por un agujero lejos de donde pegaba la ola. Pero fue una buena aventura.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)