martes, 28 de julio de 2020

EL PAIS DORADO, NOVELA OPTIMISTA SOBRE MÉXICO







EL PAIS DORADO, NOVELA OPTIMISTA SOBRE MEXICO

Dr. Manuel Farill

28 de julio de 2020.

Hace unos años, durante mi período de recuperación de una fractura de cadera, me dio por escribir (cómo siempre) y esta vez logré hilvanar una novela muy divertida sobre mi visión optimista de México en el año 2050.

Se supone que el país ha logrado, por fin, hilar a varios regímenes presidenciales de diversos partidos que se ha preocupado por construir un México mejor. Que se han preocupado por tener una visión de estadistas y no de patanes acerca de México y han acabado de construir lo que su antecesor les dejó inconcluso y luego ellos han aumentado el acervo económico y social del país que con más obras, empleos, salubridad y educación.

Esto ha llevado al país a convertirse en la cuarta potencia del mundo, y ha aprovechado las excelentes relaciones internacionales que tienen para aliarse a Brasil, otra potencia de igual magnitud, en un trato que equivale a que México dice “yo cuido el Golfo de México y el Pacífico y tú, Brasil, cuida el lado del Atlántico de América.

Claro que esto no les cae muy bien que digamos a los gringos, que no están acostumbrados a tener potencias en su misma “América” que hasta ahora creen suya, y por eso le dicen a los EEUU—un país geográfica y políticamente accidental— así: América. Y les ponen piedritas a los latinoamericanos en su camino hacia la felicidad.

No voy a contarles más porque no quiero echarles a perder la lectura que tiene finales llenos de enredos y giros que lo hacen sabroso de leer (creo).

Para los que lo quieran leer, lo pueden bajar de la aplicación de Amazon que se llama Kindle para leer en sus libros electrónicos.


Les ruego que me den sus opiniones y, si algo les gusta o no les gusta, me lo dicen. Esperemos que pase pronto están maldita pandemia y/o que aparezca pronto la vacuna que nos quitará el pánico de salir para que podamos reanudar nuestras vidas gozando todos de cabal salud.

martes, 30 de junio de 2020

CONFI-DENTAL 13 Algunos detalles que se me escapaban


BLOG 13     CONFI-DENTAL

¿QUIÉNES ERAN LOS ONCE?

Angel Álvarez de la Reguera, Carlos Amor Villalpando, Antonio Limonchi Wade, Hermilo López Morales, Manuel Rey García, José Ma. (Chema) Navarro Becerra, Rafael Ayala Echávarri, Miguel Pavía Espinosa, Juan Tapia Camacho e Ignacio Aguilar Álvarez. A mi parecer, todos han pasado ya a mejor vida. Para la lucha de 1968 se aliaron con muchos otros profesores de escaso nivel académico (por ello era nuestra protesta), que no vale la pena nombrar.

Blog 10 HISTORIA DE LA ODONTOLOGÍA EN CU DE 65 A 69





Bueno, pues el viernes 25 de abril de 1969 fue removido de su cargo (aunque los diarios dicen que “renunció”) el Dr. Sarabia Aguilar. Entonces ocurrió lo que nos había predicho el Rector Barros Sierra: ¿a quién ponemos? En política no es sólo la cuestión de “retirar” a alguien, sino hay que saber a quién poner. En política nunca existe un vacío: alguien inmediatamente lo llena. Desgraciadamente los profesores que quedaban en la ENO tenían currículas pobres, sobre todo sin experiencia en el manejo de personas e instituciones (cosa que les falta a muchos colegas), y así, tras de algunos meses, fue electo el Dr. Manuel Rey García. ¡Muerte, me sigues!

Este asunto ya les tocó resolverlo a las generaciones que nos siguieron, porque después del Dr. Rey siguió su compadre el Dr. Zimbrón Levy, de igual “calidad”.
Mi generación, conocida también como “la del 68”, “la del Movimiento”, fue disolviéndose al irnos recibiendo profesionalmente los que la integrábamos. Yo me recibí el 31 de marzo de 1970. 

Los grillos tenían tanta prisa porque me largara y dejara de dar lata que hasta me dijeron “escoge a tu Jurado”.  Me quedó un sabor amargo en la boca al recordar lo que aquellos pillos nos habían hecho sentir: miedo, angustia, dolor, impotencia, sorpresa, desesperación. Pero también nos sirvió para darnos cuenta de quienes eran los amigos, para tener momento de gloria al dirigirnos a nuestros compañeros, para hacernos sentir a algunos el amor por la política honrada y bien entendida, para hacernos de nuevos aliados, de participar en actividades que finalmente produjeron un crecimiento de la democracia en el país.

A mediados de 1969 recibí por boca de mi amigo y maestro, el Rector Barros Sierra, el encargo de ser miembro del equipo fundador de la primera escuela de odontología privada, la de la UNITEC. Cosa muy necesaria entonces, pero que a la larga produjo un infinito número de escuelas privadas de odontología. Ese Consejo Directivo estaba formado por el Presidente del mismo, el valioso Maestro Víctor de la Rosa, como Secretario el Dr. Víctor López Cámara, y los tres vocales éramos un cirujano bucal poco conocido entonces, de origen escocés (y quien después estudió Medicina en México): el Dr Robin Grey McLeod. El otro era (es) un extraordinario rehabilitador de un magnífico carácter y gran inteligencia, el Dr. José Luis Sánchez Sotres (recién desempacado de su Maestría en los EEUU) y su servidor, que era (y sigo siendo) el más joven de todos ellos. Desgraciadamente el Maestro De la Rosa ya se nos fue.

En juntas maratónicas, lideradas por el inefable Rector y después multimillonario dueño
 —gracias a la escuela de odontología— CP Ignacio Guerra Pellegaud, por las noches nos juntábamos en la entonces modesta Dirección de la UNITEC en Av. Marina Nacional 162 y mientras dilucidábamos, pensábamos, ideábamos, inventábamos cosas, escogíamos a los profesores que nos seguirían en otras materias, tomábamos refrescos y a veces whiskey o coñac. Escuchábamos al FFCC que pasaba a metros de nosotros hacerse para adelante y para atrás. Hacíamos “tormentas de cerebros” y otras actividades cerebrales creativas (que les falta a la mayoría de los colegas) y nos apretábamos el coco para resolver los problemas que se nos iban presentando, entre otras cosas para actualizar y modernizar el programa de estudios sin que lo notaran en la UNAM. 
Nos acompañaba a veces el buen amigo Alberto Singer, coordinador de Relaciones Públicas de aquella Universidad, que entonces constaba sólo de unos edificios de dos pisos que rodeaban un patio con canchas de basquetbol y ofrecía dos o tres carreras además de la Preparatoria. Ni pensar en que hubiera un Anfiteatro con cadáveres ahí, y, sin embargo, lo hicimos. 

El CP Guerra Pellegaud era un hombre extraordinariamente inteligente y simpático, aunque muy enérgico y con mucha empatía. Tenía un agradable aspecto físico (era rubio y de ojos claros). 

En un principio, el Dr. De la Rosa iba a dar Histología y Embriología y yo iba a tener el honor de ser su ayudante (con orgullo digo que había sacado 10 de calificación en su clase cuando fue nuestro Maestro); Robin Grey iba a dar Anatomía Humana; López Cámara, Odontología Preventiva;  Luis Sánchez Sotres, Materiales Dentales y alguien —no sabíamos quién—debería dar la clase de Anatomía Dental. El Sr. Guerra, en un acto que lo honra, me propuso a mí (que en la única materia que había sacado 6 durante la carrera era precisamente en Anatomía Dental) y yo, claro, acepté. 

Tuve que estudiar y aprendí una gran lección que comparto con las generaciones posteriores: me supe rodear de colegas que de esto sabían más que yo y que tenían un entusiasmo enorme por dar clases: en orden alfabético fueron adjuntos de mi clase los ahora doctores Carlos Bellamy Haro (que modelaba muy bien); Raúl Cameras Meneses de gran inteligencia, simpatía y disciplina y Rubén Malpica Domínguez, que era quien yo pienso era el que mejor modelaba los cubitos de cera en esa materia. 

Éramos inseparables. Luego, ellos ascendieron, como debe de ser. Y cuando yo ya me había ido a fundar la UAM-Xochimilco en 1974 (esta historia viene en otro Blog), Raúl se fue a la clase de Prótesis Fija y Removible con el Dr. Jesús Santos Sotres; Malpica posteriormente dio clases, si no me equivoco, de Exodoncia y de Cirugía Bucal y Carlos es, ahora que escribo estas líneas, el Decano de los profesores de la UNITEC. Debo reconocer que ganábamos muy bien y a todos nos alcanzó para adquirir auto y a mi, hasta para casarme felizmente con mi querida Marcela. ¡Ah, cómo recuerdo con agrado aquellas comilonas y bebilonas de horas que nos dábamos los días en que nos pagaban! Eran los felices tiempos de la Zona Rosa como lugar respetable y hasta de lujo, en donde primero aparecieron las minifaldas y los buenos restaurantes, como el Focolare, el Bellinghausen, el Loris, Alfredo´s, La Calesa de Londres, Can Cán, etcétera. Era de lujo tener un negocio y más un consultorio dental en aquella colonia Juárez. Varios queridos maestros tenían consultorios ahí: el Dr. Samuel Fastlicht, el Maestro Espinosa de la Sierra, etc.

Tuve mi nombramiento de Profesor Titular de la UNAM (Unitec estaba afiliada a la UNAM) antes de recibirme. En ese entonces, no sé ahora, el Título Profesional de la Unitec era exactamente igual al de la UNAM, haciendo la aclaración que los estudios se habían llevado a cabo en la Unitec. Es más: los Certificados que nos acreditan como Miembros del Consejo Directivo Fundador de la Escuela de Odontología de la UNAM, firmados por el Sr. Guerra y por el Maestro De la Rosa están firmados ¡un día antes de que yo me recibiera en la UNAM!

Se ve fácil, pero éramos Maestros de Medio Tiempo (todas las mañanas) y en la primera generación recibimos lo que fue una gran sorpresa: tres grupos de 60 alumnos para iniciar. De manera es que salíamos de una clase teórica para media hora después entrar a una práctica y así. Teníamos pocos ratos libres hasta que me pidieron que fuera yo quien hiciera los horarios de la siguiente generación y entonces me las ingenié (si es que eso es ingenio) para darnos una mañana libre. Se preguntarán ustedes, ¿y quién quedó de ayudante del Maestro De la Rosa? Pues nada menos que el Dr. Alfredo Crespo Oviedo, quien fue una figura muy querida por los alumnos de esa Universidad, básicamente por su buen humor y amplitud de criterio...
Ahora, al asomarme a Internet, veo el portal de Unitec y veo una universidad enorme, de lujo, con muchos campus inclusive en el extranjero porque fue comprada por un sistema llamado Laureate Universities, que casi abarca al mundo americano del norte, del centro y del sur.

Para mí, Unitec significó una gran experiencia, pues además de inaugurarme como Profesor, lo hice como Ejecutivo. Hay que ser Maestro alguna vez en la vida, pero no hay que dejarse llevar por esa vocación para siempre, porque por muy bien pagados que estén los profesores, nunca ganarán lo que se puede ganar honradamente en nuestro propio negocio. La experiencia es vital, porque además nos hace darnos cuenta de que para prosperar en la vida profesional y humana hay que estudiar y aprender cada día todos los días. Es como ser padre: la vida nunca será igual si no se es padre. Puede parecerse mucho a la vida normal, pero no lo es. Lo siento.

En la Unitec dimos clase a 10 generaciones de alumnos. Cuando me retiré, me perdí de darle clases a una de las Generaciones más valiosas que han egresado de esa escuela, la que tenía entre sus miembros a Fanny Yacamán, Chucho Herrera, Arturo Hernández, Alfredo Sakar, Federico Pérez Díez, Miguel Ángel Colín, Poncho y Joaquín González Campderá, Miguel Angel Sánchez Aedo, Polo Becerra, Tonatiuh Rodríguez, Susana Ponce, María Elena Morera, et al. Fue una generación de muchos inteligentes y capaces y la más parecida a mi generación años antes en la UNAM.

Blog 10 HISTORIA DE LA ODONTOLOGFIA EN CU DE 65 A 69


Bueno, pues el viernes 25 de abril de 1969 fue removido de su cargo (aunque los diarios dicen que “renunció”) el Dr. Sarabia Aguilar. Entonces ocurrió lo que nos había predicho el Rector Barros Sierra: ¿a quién ponemos? En política no es sólo la cuestión de “retirar” a alguien, sino hay que saber a quién poner. En política nunca existe un vacío: alguien inmediatamente lo llena. Desgraciadamente los profesores que quedaban en la ENO tenían currículas pobres, sobre todo sin experiencia en el manejo de personas e instituciones (cosa que les falta a muchos colegas), y así, tras de algunos meses, fue electo el Dr. Manuel Rey García. ¡Muerte, me sigues!

Este asunto ya les tocó resolverlo a las generaciones que nos siguieron, porque después del Dr. Rey siguió su compadre el Dr. Zimbrón Levy, de igual “calidad”.

Mi generación, conocida también como “la del 68”, “la del Movimiento”, fue disolviéndose al irnos recibiendo profesionalmente los que la integrábamos. Yo me recibí el 31 de marzo de 1970. Los grillos tenían tanta prisa porque me largara que hasta me dijeron “escoge a tu Jurado”.  Me quedó un sabor amargo en la boca al recordar lo que aquellos pillos nos habían hecho sentir: miedo, angustia, dolor, impotencia, sorpresa, desesperación. Pero también nos sirvió para darnos cuenta de quienes eran los amigos, para tener momento de gloria al dirigirnos a nuestros compañeros, para hacernos sentir a algunos el amor por la política honrada y bien entendida, para hacernos de nuevos aliados, de participar en actividades que finalmente produjeron un crecimiento de la democracia en el país.

A mediados de 1969 recibí por boca de mi amigo y maestro, el Rector Barros Sierra, el encargo de ser miembro del equipo fundador de la primera escuela de odontología privada, la de la UNITEC. Ese Consejo Directivo estaba formado por el Presidente del mismo, el valioso Maestro Víctor de la Rosa, como Secretario el Dr. Víctor López Cámara, y los tres vocales éramos un cirujano bucal poco conocido entonces, de origen escocés (y quien después estudió Medicina en México): el Dr Robin Grey McLeod. El otro era (es) un extraordinario rehabilitador de un magnífico carácter y gran inteligencia, el Dr. José Luis Sánchez Sotres (recién desempacado de su Maestría en los EEUU) y su servidor, que era (y sigo siendo) el más joven de todos ellos. Desgraciadamente el Maestro De la Rosa ya se nos fue.

CP Ignacio Guerra Pellegaud
En juntas maratónicas, lideradas por el inefable Rector y después multimillonario —gracias a la escuela de odontología— CP Ignacio Guerra Pellegaud, por las noches nos juntábamos en la entonces modesta Dirección de la UNITEC en Av. Marina Nacional 162 y mientras dilucidábamos, pensábamos, ideábamos, inventábamos cosas, escogíamos a los profesores que nos seguirían, tomábamos refrescos y a veces whiskey o coñac. Hacíamos “tormentas de cerebros” y otras actividades cerebrales creativas (que les falta a la mayoría de los colegas) y nos apretábamos el coco para resolver los problemas que se nos iban presentando, entre otras cosas para actualizar y modernizar el programa de estudios sin que lo notaran en la UNAM. 

Nos acompañaba a veces el buen amigo Alberto Singer, coordinador de Relaciones Públicas de aquella Universidad, que entonces constaba sólo de unos edificios de dos pisos que rodeaban un patio con canchas de basquetbol y ofrecía dos o tres carreras además de la Preparatoria. Ni pensar en que hubiera un Anfiteatro con cadáveres ahí, y, sin embargo, lo hicimos.

En un principio, el Dr. De la Rosa iba a dar Histología y Embriología y yo iba a tener el honor de ser su ayudante (con orgullo digo que había sacado 10 de calificación en su clase cuando fue nuestro Maestro); Robin Grey iba a dar Anatomía Humana; López Cámara, Odontología Preventiva;  Luis Sánchez Sotres, Materiales Dentales y alguien —no sabíamos quién—debería dar la clase de Anatomía Dental. El Sr. Guerra, en un acto que lo honra, me propuso a mí (que en la única materia que había sacado 6 durante la carrera era precisamente en Anatomía Dental) y yo, claro, acepté. 

Los cuates (ahora): Bellamy, Amir, Manuel, Raúl, Ramón

Tuve que estudiar y aprendí una gran lección que comparto con las generaciones posteriores: me supe rodear de colegas que de esto sabían más que yo y que tenían un entusiasmo enorme por dar clases: en orden alfabético fueron adjuntos de mi clase los ahora doctores Carlos Bellamy Haro (que modelaba muy bien); Raúl Cameras Meneses
Raúl Cameras Meneses
de gran inteligencia, simpatía y disciplina y Rubén Malpica Domínguez, que era quien yo pienso era el que mejor modelaba los cubitos de cera en esa materia. Éramos inseparables. Luego, ellos ascendieron, como debe de ser. Y cuando yo ya me había ido a fundar la UAM-Xochimilco en 1974 (esta historia viene en otro Blog), Raúl se fue a la clase de Prótesis Fija y Removible con el Dr. Jesús Santos Sotres; Malpica posteriormente dio clases, si no me equivoco, de Exodoncia y de Cirugía Bucal y Carlos es, ahora que escribo estas líneas, el Decano de los profesores de la UNITEC. Debo reconocer que ganábamos muy bien y a todos nos alcanzó para adquirir auto y a mi, hasta para casarme felizmente con mi querida Marcela. ¡Ah, cómo recuerdo con agrado aquellas comilonas y bebilonas de horas que nos dábamos los días en que nos pagaban! Eran los felices tiempos de la Zona Rosa como lugar respetable y hasta de lujo, en donde primero aparecieron las minifaldas y los buenos restaurantes, como el Focolare, el Bellinghausen, el Loris, Alfredo´s, La Calesa de Londres, Can Cán, etcétera. Era de lujo tener un negocio y más un consultorio dental en aquella colonia Juárez. Varios queridos maestros tenían consultorios ahí: el Dr. Samuel Fastlicht, el Maestro Espinosa de la Sierra, etc.
Carlos Bellamy Haro

Malpica Domínguez

Tuve mi nombramiento de Profesor Titular de la UNAM (Unitec estaba afiliada a la UNAM) antes de recibirme. En ese entonces, no sé ahora, el Título Profesional de la Unitec era exactamente igual al de la UNAM, haciendo la aclaración que los estudios se habían llevado a cabo en la Unitec. Es más: los Certificados que nos acreditan como Miembros del Consejo Directivo Fundador de la Escuela de Odontología de la UNAM, firmados por el Sr. Guerra y por el Maestro De la Rosa están firmados ¡un día antes de que yo me recibiera en la UNAM!

Se ve fácil, pero éramos Maestros de Medio Tiempo (todas las mañanas) y en la primera generación recibimos lo que fue una gran sorpresa: tres grupos de 60 alumnos para iniciar. De manera es que salíamos de una clase teórica para media hora después entrar a una práctica y así. Teníamos pocos ratos libres hasta que me pidieron que fuera yo quien hiciera los horarios de la siguiente generación y entonces me las ingenié (si es que eso es ingenio) para darnos una mañana libre. Se preguntarán ustedes, ¿y quién quedó de ayudante del Maestro De la Rosa? Pues nada menos que el Dr. Alfredo Crespo Oviedo, quien fue una figura muy querida por los alumnos de esa Universidad, básicamente por su buen humor y amplitud de criterio...

Ahora, al asomarme a Internet, veo el portal de Unitec y veo una universidad enorme, de lujo, con muchos campus inclusive en el extranjero porque fue comprada por un sistema llamado Laureate Universities, que casi abarca al mundo americano del norte, del centro y del sur.

Para mí, Unitec significó una gran experiencia, pues además de inaugurarme como Profesor, lo hice como Ejecutivo. Hay que ser Maestro alguna vez en la vida, pero no hay que dejarse llevar por esa vocación para siempre, porque por muy bien pagados que estén los profesores, nunca ganarán lo que se puede ganar honradamente en nuestro propio negocio. La experiencia es vital, porque además nos hace darnos cuenta de que para prosperar en la vida profesional y humana hay que estudiar y aprender cada día todos los días. Es como ser padre: la vida nunca será igual si no se es padre. Puede parecerse mucho a la vida normal, pero no lo es. Lo siento.

En la Unitec di clase a 9 generaciones de alumnos. Cuando me retiré, me perdí de darle clases a una de las Generaciones más valiosas (la 10a) que han egresado de esa escuela, la que tenía entre sus miembros a Fanny Yacamán, Chucho Herrera, Arturo Hernández, Alfredo Sakar, Federico Pérez Díez, Miguel Ángel Colín, Poncho y Joaquín González Campderá, Miguel Angel Sánchez Aedo, Polo Becerra, Tonatiuh Rodríguez, Susana Ponce, María Elena Morera, et al. Fue una generación de muchos inteligentes y capaces y la más parecida a mi generación años antes en la UNAM.


Historia de la Odontología 65-70, Parte 9


BLOG 9     CONFI-DENTAL

¿QUIÉNES ERAN LOS ONCE?
Angel Álvarez de la Reguera, Carlos Amor Villalpando, Antonio Limonchi Wade, Hermilo López Morales, Manuel Rey García, José Ma. (Chema) Navarro Becerra, Rafael Ayala Echávarri, Miguel Pavía Espinosa, Juan Tapia Camacho e Ignacio Aguilar Álvarez. A mi parecer, todos han pasado ya a mejor vida. Para la lucha de 1968 se aliaron con muchos otros profesores de escaso nivel académico (por ello era nuestra protesta), que no vale la pena nombrar.

DETALLES Y OCURRENCIAS QUE SUCEDIERON DURANTE ESTE PERÍODO.
Foto de El Heraldo de Mexico tomadas de una
película casera
 en donde agredieron a nuestras compañeras.
Era tanta el ansia de Sarabia y su cohorte por entrar a la Escuela y apoderarse de ella (para lo cual contaban ya con alumnos incondicionales y con golpeadores profesionales) que una vez que amenazaron con “ir a re-tomar la Escuela los profesores”, los líderes del momento decidieron que para disuadirlos nada mejor que rodear la Escuela con compañeras mujeres. Pues aún así, los profesores intentaron tomar la Escuela golpeando y empujando a las compañeras que se prestaron a servir de muralla. Entre ellas, la entonces novia de Roberto Magallanes, Claudia, una muchacha muy guapa, muy educada y de muy buena familia, misma que tuvo que ser llevada a un hospital para revisar su pierna golpeada por aquel grupo de seudo-maestros. Entre ellos estaban Sarabia, Rey García, Zimbrón Levy, Villegas Malda, Rafael Lozano (de Perio), Sybel Trejo  y algunos otros más de quienes no me quiero ni acordar. Años después, el Dr. Lozano, ya con sus copas y escupiendo al hablar (como siempre), me ofreció disculpas, pero las disculpas no me las debía de dar a mí, sino a las compañeras. Como testigo de este evento, quedó una filmación que hizo uno de los compañeros y que se mandó a los periódicos Reforma y Heraldo de México y en sus páginas aparecieron los fotogramas de la película (ver ilustración). Esto indudablemente tuvo mucho que ver con el la Junta de Gobierno expulsara al Dr. Sarabia, quien fue, ooootra vez, mal aconsejado por los famosos “once”. Pues claro: el objetivo de los famosos “once” Pues claro: el objetivo de los famosos “once” a que corrieran al Dr. Sarabia y quedarse ellos en el poder, como aconteció.
MAESTROS DE LA ESCUELA: BUENOS Y MALOS.
Recuerdo a algunos profesores en aquellos tiempos. 1) Por ejemplo, al Dr. Enrique C. Aguilar presumiendo a todo el mundo que era él quien había “diseñado” la Escuela y tratando de influenciarnos a los del Comité Estudiantil (sin lograrlo). 2) Al profesor Antonio Fragoso, quien nos dijo a un grupo de alumnos (entre ellos a mí) que “¿No sería bueno que para presionar a las autoridades y al gobierno fuéramos “tomando” (quería decir secuestrando) unos camioncitos de pasajeros y quemáramos dos o tres?” Mientras decía esto, hacía como que me quitaba alguna pelusa que tuviera yo en el pecho dela camisa. El inocente profesor no sabía el riesgo que llevaba meterse con el violento “pulpo camionero”, que así era como se llamaba a quienes poseían camiones de pasajeros. 3) Al Dr. Fermín Reygadas —que años después se tornaría iracundo y violento, perdiendo totalmente su “estilo”—, presumiendo con los dientes entrecerrados, como era su costumbre, que la Escuela de CU se debía a él y al gran maestro Enrique C. Aguilar.
 4) A los doctores Rodolfo Reza y Jaime Fernández de Ceballos asesorándonos en “grilla”.
5) Al Dr. Alfonso Pretelín, que dicen luego estudió Antropólogía,  deambulando por el patio de la Escuela y acompañándonos con buenas intenciones a citas en Rectoría.
6) Al Maestro Reynoso Obregón que me dijo al quejarme de que la cosa iba para largo: “Nunca está más oscuro que antes de que salga el sol”. Lo despidieron de la UNAM por influir (justamente) en nuestras decisiones (y por hablarle de “tú” frente a nosotros al Rector Barros Sierra en una primera junta que tuvimos los estudiantes con el señor Rector). Reynoso Obregón fue y es uno de mis grandes maestros: jovial, inteligente, prudente, buenísimo para la política y preparador de los mejores Martinis que he probado jamás. Era, además, un católico devoto. Ningún dentista que yo conozca, hasta la fecha (2018) le llegaría ni a los talones en el aspecto político. Cuando mi padre fue Director de la Escuela, allá en 1933 cuando la Escuela estaba en Licenciado Verdad, en el Centro Histórico, Reynoso Obregón, que era Consejero Universitario lo apoyó y desde ahí inició una respetuosa amistad entre ambos que duró hasta la muerte del famoso “Nacho”. Además de haber sido un gran Presidente de la ADM, Director de la Escuela dos veces y fundador de la Academia Nacional de Estomatología, fue un magnífico Cirujano Oral que tenía su consultorio en la calle de Puebla, en la Colonia Roma. Fue después Director del Departamento de Estomatología del Hospital Infantil de México, cuando yo estudié un Diplomado de Odontopediatría. Murió de un ataque al corazón acabando de comulgar, así que según su fe de seguro se fue derechito al cielo.
7) Cuando ingresé como oyente a la Escuela, decidí meterme al azar a la clase de Materiales Dentales que daba el Dr. Hermilo López Morales (quien, por cierto, había hecho una copia taquigráfica de las clases de Materia Médica que dio mi padre) y dijo lo siguiente: “¡Apunten! ¡Apunten! Hay tres tipos de cera en odontología… ¡Apunten!... Hay la cera normal, la cera estándar y la común y corriente…” Yo provenía de una Escuela Nacional de Ciencias Químicas, donde imperaba el rigor científico absoluto. Imagínense qué impresión me causó oír aquella barbaridad.
8) A mi padre (que estaba orgulloso de mi y de nosotros), llevándonos bolsas y bolsas de tortas, que nos sabían riquísimas y que casi fue lo único que comí. Por eso, con las preocupaciones, me dio úlcera.
9) Otra chistosada atribuible al Dr. Sarabia: nombró como Jefe del Departamento de Audiovisual al Dr. Ángel Álvarez de la Reguera, quien empleaba gruesos lentes y aparato para la sordera, así que estaba fallo del audio y de lo visual. Este profesor era famoso por vender sus apuntes y quien no los compraba, reprobaba.
Todos estos profesores, que frisaban entre los 50 y los 75 años y lo que habían perdido de cabello lo habían ganado de panza eran muy “machos”, muy “mujeriegos” y hacían hasta el ridículo por acostarse con nuestras guapas compañeras, casi siempre acosándolas con reprobarlas o con sus calificaciones. No se daban cuenta de que hacía el ridículo. Los menores de esas edades también trataban, la mayoría sin suerte, pero hubo algunos (cuyo lema era: “¡Fuego contra el enemigo!” (refiriéndose al sexo opuesto sin hacer caso de la ética que deben tener los profesores con sus alumnos) que desafortunadamente sí lo lograron. En estas épocas ya los hubieran quemado en la hoguera por acoso sexual… y se lo hubieran merecido.
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UN FUNCIONARIO UNIVERSITARIO—AMIGO DE VERDAD Y CON VALOR CIVIL— NOS LIBRA DE UN PÉSIMO ELEMENTO
La “destitución” (lo corrieron, en realidad) de José Sybel Trejo fue de la siguiente manera: el Maestro González Avelar, por instrucción del señor Rector, nos convocó a miembros del Comité Estudiantil y a un grupo de profesores de la entonces llamada “Unión de Profesores de Odontología” para que dialogáramos en su oficina del edificio de la Rectoría. Una vez instalados, y teniendo a González Avelar como moderador, el despreciable profesor José Sybel Trejo Solís presumió que cuando mi padre había sido Director de la Escuela (¡en 1933!) él le había reclamado no sé qué cosa y hasta había “amenazado con darle cachetadas”. Si lo hubiera hecho, hubiera conocido la furia de mi padre y éste no era más que un pobre desgraciado que en su casa conocían. Al oír aquella acusación insensata y fuera de lugar, el propio Maestro Miguel González Avelar, alzando la voz y dando un palmazo en su escritorio, lo corrió violentamente y al instante de la mesa de negociación aduciendo que me había insultado fuertemente y sin motivo. Días después fue separado para siempre de su cargo en la UNAM. Supieron los de “La Unión” que no podrían insultarnos impunemente. Yo me sentí totalmente satisfecho y todos nos sentimos protegidos..
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UN SUSTO Y LUEGO UNA GRAN AYUDA
Dos días después de haber “tomado” nosotros la Escuela, estaba yo dando una entrevista a una periodista cuando me llamaron mis amigos para decirme, alarmados, que acababan de llegar el exterior de la Escuela “los del equipo de Futbol Americano”, que tenían fama de ser extraordinariamente fuertes y violentos. Acudí a asomarme desde el primer piso y con alivio vi que se trataba de mi hermano Jorge que con otros fortísimos amigos de la Preparatoria 5 (de Coapa, mi Prepa querida), fueron a ver públicamente “qué se nos ofrecía”, refiriéndose a si no habíamos sido víctimas de alguna agresión física para castigar a quien lo hubiera hecho. Huelga decir que nunca volvimos a temer a otros grupos de golpeadores. Por cierto que tres de ellos luego estudiaron Odontología. Estos tres personajes, junto con Estrada (hijo del entonces Jefe del Servicio Secreto) eran y son los personajes más fuertes físicamente y de corazón más noble que he conocido. Desde luego que cuando ellos ingresaron a la Escuela como de primer ingreso o “perros” no hubo quien se atreviera a mojarlos.

PROFESORES TORTURANDO E INTERROGANDO
En 1967 y 1968, en los cuartos que están en el sótano de la escuela y que antes increíblemente servían para que los alumnos tuviéramos casilleros para guardar nuestras pertenecías y en dónde había baños de hombres y mujeres con regaderas y todo, algunos profesores y autoridades de la Escuela (no quiero escribir sus nombres porque podría no ser exacto el número de ellos) interrogaban a la mala a los alumnos y alumnas que creían que les daban problemas. Querían saber qué profesionistas los estaban “soliviantando”. Desde luego, con el conocimiento del Dr. Sarabia.
No los llegaron a torturar, pero sí a amarrar y a hacer algo muy cinematográfico (según quienes fueron interrogados): les ponían fuertes luces en el rostro y los amenazaban con acabar sus carreras o “perderles todos sus documentos” que acreditaban sus estudios. No sé a cuántos tuvieron presos, pero a una compañera con el mejor promedio de la Escuela la hicieron perder la Beca Javier Barros Sierra, otro “torturado” fue el alumno Alberto Martínez Guerra.
El Dr. Jose Sybel Trejo retó una vez a golpes a los alumnos Roberto Magallanes y Manuel Farill. Ja  ja. Claro que lo mandamos al diablo, no fuera a ser que de veras lo tomáramos en serio.

miércoles, 26 de junio de 2019

ROMPÍENDO LOS SACROSANTOS PARADIGMAS DE LA ODONTOLOGIA



Toda profesión tiene paradigmas. Paradigma significa modelo o ejemplo. Son los pilares casi siempre sobre los que descansan nuestras creencias y rara vez son eternos.
SI TIENE QUE RECORDAR ALGO DE LO QUE HOY VOY A ESCRIBIRLES, QUE SEA LO SIGUIENTE: Las profesiones deben ir modificando sus paradigmas porque esto es señal de que van cambiando y progresando. Digamos que romper paradigmas para avanzar ha sido la constante en nuestra profesión en todo el mundo.
En odontología tenemos muchísimos paradigmas que se han derrumbado. No es  hoy el tema y no tengo ni el tiempo,ni la capacidad para analizarlos a todos, pero les pongo como ejemplos los paradigmas correspondientes a la forma de las cavidades, hasta los que decían que era difícil para el cuerpo humano aceptar los injertos óseos y los implantes de titanio, o que era imposible formar nuevos dientes a partir de células madre.

MI PROPOSITO HOY ES a analizar once paradigmas que afectan negativamente a la forma en la que hemos visto a nuestra profesión, a la manera en que la ejercemos y a la manera en la que el público nos percibe. Por ello, los debemos destruir para progresar y crecer, aumentando nuestra utilidad y cobertura, con lo que seremos mejor recompensados.

Si ustedes se ponen a analizar, las cinco razones principales por  las que casi todos  estudiamos odontología son:
·      Se hace dinero de manera fácil
·      Uno no tienen jefe ni horario
·      Se puede poner un consultorio en cualquier parte, hasta en la casa o en una accesoria.
·       No hay matemáticas ni química

>Primer Paradigma: EN ODONTOLOGIA SE HACE DINERO FÁCILMENTE

>Como a todos nos consta, ya no se hace el dinero fácilmente. El tiempo de amarrar a los perros con longaniza ya pasó hace mucho. De hecho, cada vez es más complicado y costoso estudiar odontología en un sitio de alta calidad y de prestigio, así como poner un consultorio decoroso… y esperar a que lleguen los cada vez más escasos pacientes. Esto lo vamos a tratar a lo largo de esta disertación.


>Segundo y Tercer Paradigmas: UNO NO TIENE JEFE NI HORARIO Y PUEDE PONER UN CONSULTORIO EN CUALQUIER PARTE.
Ahora tenemos que practicar la profesión con un grupo de colegas, lo que se llama práctica de grupo. Esto quita espontaneidad, libertad de horarios, nos hace tener jefes y ya no puede uno cobrar lo que  quiera.
>Mi opinión es que si tenemos que trabajar en una práctica de grupo, por lo menos debemos ser los capitanes del equipo, por lo cual es muy importante fortalecer nuestras dotes de líderes y estudiar liderazgo
>Otra cosa muy importante y que sé que causa molestia: tenemos que hablar y leer inglés con fluidez, porque nos guste o no, la ciencia se escribe en este idioma y si queremos estar actualizados hay que aprenderlo. Lo mismo diría de >acostumbrarnos a hablar en público, que es una de las cosas que más temor producen entre los mortales.


>Los pacientes son ahora mucho más conocedores que lo que todos pensamos. Nuestras clases sociales son cada vez más exigentes en cuanto a los productos y servicios que desean recibir y a su percepción del costo; y también son más exigentes respecto a dónde se los ofrecemos y sobre todo, quién se los ofrece. En su mayoría cada vez más reconocen la >calidad. Por ello, nuestros consultorios tienen que ir cubriendo los requisitos de la mercadotecnia en lo que se refiere a la >cantidad de servicios que se ofrecen y a su localización, >diseño y horarios de trabajo, y cada vez tendrán que ser más >bellos y limpios e integrar más tecnología de punta, con todo y los costos que esto implica. Hace mucho se acabó el horario de “dentista” de 10 a 2 y de 4 a 8.

>Cuarto Paradigma: NO HAY MATEMATICAS NI QUIMICA EN LOS ESTUDIOS

Como en todo nuestro alrededor, en nuestra profesión cada vez tendrá que haber una mayor integración de las matemáticas y sus ciencias derivadas. Porque las profesiones son más científicas y más rigurosas mientras más se apoyan en la matemática, que es la única ciencia exacta que conocemos. Ahora ya empleamos y entendemos sobre resistencia, índices de flexibilidad y dureza, resilencia, polígonos de fuerza, vectores, presiones por cm2, y la aplicación de las leyes físicas. La química es la aplicación de la matemática a la materia y a los elementos que la forman. No olvidemos que somos polvo de estrellas porque estamos formados por los mismos átomos que las originaron hace 15 mil millones de años y que cambiamos cada año al 98% ellos. Esta ciencia es básica ahora para conocer a los tejidos a través de la bioquímica, a los materiales y a los procesos químico-biológicos que interactúan en el cuerpo y que cada vez se conocerán más.

>Quinto Paradigma: HACEMOS LO QUE QUEREMOS CON LOS PACIENTES
>Lo que hacemos los odontólogos y cirujanos dentistas, es muy agresivo. Tanto, que para llevarlo a cabo requerimos el consentimiento de los pacientes, luego dominar su angustia y el miedo de nuestros pacientes y después anestesiarlos.Si lo que hacemos se lo hiciéramos a las personas sin su consentimiento, sería considerado un delito muy grave. Desde la fundación de la carrera en nuestro país, no hemos tenido que obtener consentimientos informados ni autorización de nuestros pacientes para realizarles nuestras maniobras, pero de ahora en adelante tendrá que ser obligatorio legalmente para evitarnos problemas. Con ello, se ponen cotos a la libertad de acción por parte del médico, lo cual es bueno y malo: bueno en el caso de los malos profesionistas; malo en el caso de los buenos dentistas. Tendremos que empezar a dar limitaciones de responsabilidad profesional por escrito de nuestros trabajos, para advertir a los pacientes hasta dónde y hasta cuándo sirve un trabajo odontológico.
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>EL SEXTO: LA ODONTOLOGIA ES PARECIDA A LA MEDICINA, PERO MUCHO MAS FACIL
El dentista tradicional, de siglos, que sólo atiende los problemas de los dientes y encías: las obturaciones, la prótesis y las extracciones, los detartrajes, va en vías de extinción. >Desgraciadamente siempre habrá este tipo de trabajo rutinario y repetitivo, de poca creatividad, al que sí puede llamarse “chamba”, porque hay y habrán millones de dientes que >obturar, sustituir y extraer que ni el tiempo, ni el dinero, ni las políticas públicas de prevención ni nuestras técnicas rehabilitativas nos han permitido resolver, pero de aquí en adelante la odontología habrá de irse transformando gradualmente en una especialidad más completa y si se quiere, más médica, sobre todo cuado se hagan lo estudios que muestren la mortalidad producida por los padecimientos bucales y, sobre todo, cuando se muestre el elevadísimo costo de las pérdidas económicas por faltas al trabajo y por baja de productividad que éstas también producen.


>Nuestros pacientes (y espero que nosotros también) viven y vivirán muchos más años que los acostumbrados —de acuerdo a las proyecciones que se tienen,  las nuevas generaciones de niños de clase media hacia arriba tendrán rangos de vida mayores a los 100 años—, y entonces, además de los tradicionales, hemos sumado a nuestro campo profesional el vastísimo caudal de conocimientos de la implantodoncia (que consiste en implantar raíces de titanio e los huesos maxilares) y nos vemos obligados a ponernos al día, nuevamente, en las ciencias básicas como la histología y embriología, de donde habrán de salir los nuevos dientes y tejidos bucales, la medicina genómica, la bioquímica, la fisiología y señaladamente la farmacología y la anestesia y la sedación. También, hermanándonos con la medicina del sueño, añadimos el tratamiento del ronquido y la apnea obstructiva del sueño —enfermedades potencialmente letales—, el del bruxismo —ese fantasma que acaba con cualquiera de nuestros esfuerzos—,  y los múltiples tratamientos encaminados a hacer que nuestros pacientes sean más activos y atractivos durante mucho más años con la Odontología Cosmética y los procedimientos de las Cirugías Plástica y Reconstructivas, además de lo cual es obligatorio actualizarnos todos los días en todo el resto de cosas que hacemos. Decía el Maestro Ignacio Chávez que "iba contra la ética ser incapaces de ofrecer a nuestros pacientes los últimos avances de nuestras profesiones". Este tema de la Etica y la Deontología tiene que ponerse al día también en todos los planes de estudio de la carrera en el país, y debería hacerse que los egresados de la carrera firmen su compromiso antes de recibirse.

>SÉPTIMO Paradigma: EL CONSULTORIO SE VA LLENANDO AUTOMATICAMENTE DE PACIENTES. POR ELLO HAY QUE CAMBIARSE POCO DE LUGAR.
Somos, primordialmente, vendedores de servicios de salud.
No sé por qué es tan ofensivo que a un médico o a un cirujano dentista se le diga esto. Por más conocimientos y experiencia y ganas que tengamos de aliviar un padecimiento o desarreglo, no podemos ejercer hacerlo hasta que el paciente nos lo autoriza, nos dice que sí a nuestra oferta. Convencerlos se llama vender. Lo crítico es que todavía en ninguna escuela o facultad se enseñan estas ciencias y artes.
 

El hecho es que en 1960 cada dentista tenía su propio consultorio. Había un dentista por cada 9 mil habitantes en promedio.  Producidos por más de 70 escuelas y facultades con muy diferentes y dispares conceptos sobre la calidad de sus egresados, ahora, tenemos más de 180,000 dentistas para un país de 125 millones de habitantes. O sea que en promedio hay un dentista por cada 1562 personas. Desde los años 60s hemos perdido casi 5 veces el número de pacientes que hubiéramos tenido si no hubieran aparecido los salvadores de la educación odontológica privada con sus miles y miles de escuelas, la mayoría tipo "patito". Gracias.

Ahora bien, cambiarse de consultorio es precisamente lo que hay que hacer cuando no se está a gusto con lo que uno gana, o con el tipo de nuestros pacientes.

Eso de que los pacientes van llegando solos, desde luego ya no es cierto, si es que alguna vez lo fue. Ahora hemos de ir por ellos a sus sitios de trabajo y de reunión, tenemos que mantenernos en contacto con ellos permanentemente vía correo electrónico, redes sociales,  teléfono y demás medios de comunicación y tenemos que aplicar rigurosamente la mercadotecnia y las técnicas de venta si queremos tener un crecimiento del número de nuestros pacientes.

Sobre todo, además de un diagnóstico —que es lo que se supone sabemos hacer—,  tenemos que darle al público lo que desea, que muchas veces pertenece a la Odontología Cosmética.

Las Tres Reglas de Platino para hacer crecer nuestras prácticas son:
> Primero, tenemos que convertirnos en el dentista que nos gustaría que nos tratara a nosotros.
Luego, lo que más requieren los pacientes es lo mismo que requerimos todos, de lo que habla la Regla de Oro de todas las filosofías y religiones: hay que tratarlos como a nosotros nos gustaría que nos trataran,
y tercero, atenderlos en condiciones absolutamente indoloras y sin angustia en el consultorio limpio que a nosotros nos hiciera sentir cómodos, relajados, con personal auxiliar atento y capaz, confiando en lo que nos hacen.
Muchos colegas han tratado de contrarrestar esto teniendo varios consultorios; a veces hasta en diferentes ciudades. Mi opinión es que cuando tenemos muchos consultorios, ninguno está funcionando eficazmente, a menos de que no tengamos ningún consultorio  —otra eficaz práctica actual— y que se trabaje haciendo prácticas itinerantes, sobre todo de especialidades, que evitan hacer el desembolso y mantenimiento de un consultorio fijo. 

>OCTAVO PARADIGMA: NO SOY MONEDITA DE ORO, SOY COMO SOY Y HAGANLE COMO QUIERAN.

Estos conceptos, venidos del siglo 16, son el colmo de la petulancia y la prepotencia: creer que además de que somos famosos por dolorosos y angustiantes, podemos ser presumidos, maleducados y malhumorados.

Este  paradigma ya está roto desde hace tiempo, pero ahora me veo en la obligación de presentarlo tal cual es: es una simple lección darwiniana: los aptos sobreviven. Un ejemplo lo son los alumnos de medianas calificaciones en la facultad, que desde la escuela siempre tuvieron pacientes. Hubo muchos otros que eran verdaderos pozos de ciencia, pero desafortunadamente eran o son percibidos como sangrones, que nunca los tuvieron, o les costó mucho trabajo conseguirlos. Pasa lo mismo en la vida real: los amigueros, simpáticos y rolleros —aunque nos cueste trabajo admitirlo— siempre van a tener pacientes, aunque sus trabajos sean de calificación 6 o 7.
Los que no se han esforzado por hacerse querer, aquellos que duelen, los que proyectan inseguridad personal y timidez, los que tratan mal a sus semejantes, los de aspecto sucio, los vulgares e ignorantes sobre los asuntos diarios, aunque sean estudiantes de diez “cum laude”, jamás van a tenerlos. Así que la lección es: hay que esforzarnos en darnos a querer o tomar un curso urgente e intensivo de relaciones públicas, porque para que la gente vaya con nosotros como profesionistas, tenemos que atraerles como personas.

>NOVENO PARADIGMA: HAY QUE SEGUIR SIENDO UN DENTISTA TRADICIONAL, PORQUE POCO A POCO VOLVERÁN LOS VIEJOS TIEMPOS.

Ante semejante locura, lo primero que les pido a todos los presentes, es que retiren de su cabezas el chip que inadvertida y anónimamente nos insertaron cuando estudiamos la carrera. ¡Está tan obsoleto y anticuado, el pobre! ¡Y nos ha causado tantas desgracias! Ya sin este chip,  y volviendo a ver las cosas como las veíamos cuando estudiábamos la preparatoria, es fácil darse cuenta de que nuestra profesión es de muy elevada inercia y altamente conservadora. Lo que veíamos en IMAX a todo color y hasta en tercera dimensión antes de estudiarla, lo vimos en una filmación en blanco y negro de 8 mm cuando nos recibimos. Se nos cerró la perspectiva.
Por eso, tenemos que abrir nuestra mente hoy y estar dispuestos a hacer cambios, leer libros, periódicos y revistas y cultivarnos, viajar y experimentar cosas nuevas, porque hay un hecho que NO ha cambiado: “si seguimos haciendo lo que siempre hemos hecho, vamos a seguir obteniendo los mismos resultados, que no nos gustan”. La historia del progreso humano es el cambio constante y permanente, por lo que todo el tiempo tenemos que adaptar y adoptar nuevas ideas que han probado su éxito. Nadie puede oponerse perpetuamente al progreso: por ello hay que hacerse a un lado, porque el cambio se ve, se siente y YA está presente.

DECIMO PARADIGMA: LOS PACIENTES VIENEN POR MI PORQUE YO SOY SU DENTISTA.

Con muy honrosas excepciones, los pacientes nunca han sido “nuestros”, como nosotros no lo hemos sido de los médicos a los que acudimos. Hay una competencia constante y en ella gana el que mejor nos trate, el que se ajuste a nuestros horarios y medios económicos, el “más atinado”, el que tenga ”mejor mano”. Cuando frente a nuestros consultorios se instala otro dentista y éste anuncia que sus honorarios son más bajos que los nuestros, se acaba este paradigma, que siempre ha sido un mito.
Por eso hay que esforzarnos por diferenciar nuestra práctica de la de los demás.
Si nosotros, tercamente, insistimos en hacer todo en el consultorio —desde abrirlo y barrer hasta contestar el teléfono, colocar implantes y vaciar incrustaciones—afectaremos nuestro tiempo y nuestra salud, nuestros ingresos, y nuestra labor asistencial.
La solución está en delegar aquellas funciones que no pongan en peligro la vida o salud de los pacientes, que sean repetitivas y rutinarias y que no vayan contra la ley. Quién será el o la que las desempeñe depende de nosotros, pero su labor será nuestra responsabilidad.
Cada día debemos ofrecer más servicios y delegar funciones nos hace ser mejores en lo que hacemos. Tenemos que hacer aquello que hagamos mejor. El objetivo es que en nuestros consultorios se atienda integralmente a los pacientes y no como antes que iban a atenderse de un sólo diente.
El concepto de que caries y periodontopatías son infecciones (y éstas últimas de gran gravedad) lo ha cambiado todo. Cuando delegamos, ponemos en práctica un principio de hace siglos, de la revolución industrial: la división del trabajo. ¿Y no es ese uno de nuestros objetivos: el atender cada vez mejor a un número mayor de pacientes que nos favorecen con su presencia y con su economía?


>UNDECIMO Y ULTIMO PARADIGMA: LA ODONTOLOGIA CADA VEZ ES MAS FÁCIL.
Cuando éramos estudiantes formales de odontología en la Facultad —porque ahora lo seguimos siendo de manera informal—, habían, digamos, diez casas fabricantes de productos dentales: amalgamas, cementos de fosfato de zinc, empezaban los de policarboxilato y los cementos de duración media, bases de hidróxido de calcio, silicatos para los dientes anteriores. Acrílicos y dientes de ésto mismo y de porcelana para dentaduras, de una o dos marcas, dos o tres de porcelana, yesos importados, revestimientos, tiras de asbesto, tres o cuatro marcas diferentes de oros dentales y los inefables metales base y K, algunos cementos para endodoncia, entre ellos el vilipendiado N2; puntas de gutapercha, grapas para dique, arcos de Young de metal, tres o cuatro tipos de anestésicos, instrumentos estadunidenses y alemanes, lo japonés ni contaba; articuladores de bisagra, aunque ya se empezaba a popularizar el Whip Mix; empezaban las resinas compuestas de primera generación tipo Adaptic a las que llamábamos composites. Empezaban a romperse otros viejos paradigmas: los del Dr. Black, los de aplicación constante de bases medicadas, la supuesta imposibilidad para adherir nada a la superficie del esmalte. ¡Si vieran lo que hacemos ahora!

Ahora hay que ver la cantidad de fábricas chicas, medianas y grandes, de todos los países, que producen miles, decenas de miles de productos que compiten entre sí por nuestras preferencias. Cada producto trae garantía y un folleto de 150 páginas en letra de 6 puntos y traducido todo a 10 idiomas: inglés, español, francés, alemán, italiano, árabe, japonés, chino, serbo-croata y finlandés y holandés.
No: la odontología no se está haciendo más fácil, sino al revés. Tenemos un campo de acción mucho más amplio y complejo y muchas más responsabilidades legales. Debemos juntarnos en Grupos de Estudio o platicar regularmente con nuestros amigos y colegas. Por eso se han roto los paradigmas que la hacían fácil y se han construido nuevos que la complican con una gran variedad y vastedad de conocimientos y con nuevos retos y oportunidades. Para hacer buena odontología tenemos que estudiar mucho más, asistir permanentemente a muchos eventos como estos, como los de las asociaciones Dental Mexicana y del Distrito Federal y a varios congresos en el extranjero. A pesar de todos, ya que pasan las crisis económicas, vemos que hay quienes triunfaron y crecieron. Hay que proponernos ser uno de ellos. Como ustedes han visto, ahora es mucho más difícil hacer dinero con la odontología, como les previne a principio.

Ustedes, lectores, han roto estos paradigmas y por eso están leyéndome ahora, y por ellos los felicito por preocuparse por el mejoramiento suyo y de sus pacientes.