sábado, 22 de septiembre de 2018

Blog Parte 8 HISTORIA DE LA ODONTOLOGÍA 65-69


LA VIDA DENTRO DE LA ENO EN AQUELLAS CIRCUNSTANCIAS

Mantuvimos el control de la ENO desde el 1º de abril de 1968 hasta que nos corrió el Ejército Mexicano debido a la orden que dio el maquiavélico Secretario de Gobernación Luis Echeverría. El Presidente Díaz Ordaz tal vez ni se enteró.
Mientras estuvimos dentro, que no tomé fotos, dormíamos como podíamos. El Oso Lozano (muchos años después Procurador de Querétaro), consiguió el apoyo telefónico de los estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid, España y de otros sitios.
Yo dormía, cuando me dejaban, en el piso de la Secretaría General de la ENO. Me tapaba con una manta que llevé de mi casa. Así lo hacían algunos otros: era el sitio con menos chiflones de la ENO y, por consiguiente, el más calientito… o menos frío. No entré nunca  a la Dirección, por respeto. En las paredes de ella estaban los retratos de todos los directores hasta entonces, entre ellos el  de mi padre que misteriosamente ha desaparecido, quien había sido Director de la misma allá por 1933, con el Rector Dr. Salvador Zubirán (el que le dio el nombre al Instituto Nacional de la Nutrición).

Mi padre, el Maestro Luis Farill Solares, 
Dr. Luis Farill Solares, Ca. 1990

fue Director solamente uno o dos meses porque él nunca quiso serlo y lo nombraron para quitarse de encima a varios candidatos que, ya desde ese entonces, anhelaban la Dirección como modus vivendi. Siempre ha habido y habrá de ésos personajes siniestros (con honradas excepciones, como el actual y varios de sus antecesores), porque las escuelas de odontología son un excelente negocio. ¿Por qué piensan ustedes que hay tantas? ¿Por qué los dueños son buenas gentes? Son excelentes medios para lavar dinero además. Si quieren ver cuántas hay en la República busquen en http://imco.org.mx/comparacarreras/#!/ y en el buscador pongan “odontología y estomatología”. Se van a ir de espaldas. Y más cuando vean cuántos estudiantes de odontología hay actualmente en el país y cuántos somos en total.
En esa sala de la Dirección, en la que yo me acostaba a dormir, estaban también los bustos de los fundadores en 1904 de la ENO. Mismos que luego fueron usados como blanco por algunos desalmados que había poseído pistolas chuecas, de los que desconozco sus nombres, cortesía, dicen, del Regente de la Ciudad en aquel entonces.
Jorge Farill Guzmán, Ca. 1968 (ahora PhD)
Debo admitir que mis padres se mostraron preocupados, pero muy orgullosos de mí. Me apoyaron en todo, como lo hicieron mis hermanos. Recuerdo que una noche me siguió un auto viejo por toda la Av. Insurgente Sur. No había celulares. No podía comunicarme a casa para pedirle a mi hermano Jorge me abriera la puerta del garaje. Vivíamos a un kilómetro de la entrada a CU. El auto me seguía a toda velocidad. Aunque yo tenía un Volvo, que era muy veloz, el auto viejo nose amilanaba. La solución la obtuve cuando desde Av. Insurgentes me metí a la colonia Chimalistac (frente a mi casa) y en sus muchas callecitas perdí a los del auto viejo que no tenían ninguna buena intención. Hubiera sido la segunda vez que me golpeaban (la primera fue con las hebillas de los cinturones, a plenos día, frente a lo que después fue la tienda “De Todo”, en la esquina de Universidad y Eje 10). En un teléfono público de casetita llamé a la casa y le pdí a mi hermano me abriera la puerta en un minuto. Los del coche viejo no aparecían, pero podían hacerlo en cualquier  momento. Mi corazón palpitaba fuertemente, la adrenalina hacía efecto. Tomé el Volvo y crucé Chimalistac y me metí en sentido contrario unos 30 metros en Av. Universidad y ¡la puerta del garaje estaba abierta!. Mi hermano tenía un rifle calibre 22 en las manos, para protegernos. En cuanto entré con el auto, cerró las puertas. ¡Qué alivio me había producido mi hermano, que siempre fue y es muy valiente! Si no, que lo digan sus compañeros de la Prepa 5 y de la Escuela, en donde también fue líder.


Mi padre nos llevó a la Escuela cajas de tortas que compraba quien-sabe-dónde y que repartíamos entre los compañeros. Él, más que nadie, sabía que luchábamos por una causa justa: ser mejores profesionistas para dar mejor servicio al público. Eso sí: todos esos profesores hablantes nunca nos llevaron nada, eran nuestras compañeras quienes nos proveían de escasos fondos para adquirir alimentos. 
Luz María Guzmán de Farill
(Lucha)

Con mi madre, la inolvidable Lucha, tuve que alejarme del movimiento cuando me atacó una úlcera gastro-duodenal y bajé de golpe como 8 kilos. Si yo ya era muy delgado, imaginen cómo estaba tras de vomitar sangre y no poder comer sino algunas cosas. Eran tiempos en que no se sabía el origen de las úlceras ( ahora se sabe que es una bacteria llamada Helicobacter pilori). Me pusieron a dieta de leche y plátanos (ahora ninguno de los dos se recomienda) y me pidió el doctor Salvador Aceves que descansara unas semanas, en tanto la úlcera cicatrizaba. Mi hermano Hugo, médico cirujano, convocó a mis compañeros a la casa y les dijo más o menos; “o lo dejan descansar o se lo vuelven a llevar al movimiento y nos devuelven su zalea…”  De ahí que algunos olvidadizos piensen que “abandoné” el movimiento, al que me reincorporé semanas después. No teníamos falta de líderes. Todos mis compañeros (los originales) podían llevar a cabo esa responsabilidad. Pues mi madre me acompañó en aquella aventura dietética y juro que hubo autos policiacos que nos siguieron hasta los límites del estado de Querétaro.

jueves, 12 de julio de 2018


Historia de la Odontología en México Parte 7

Junio 7 de 2018.


Vuelvo para contarles algunas experiencias vividas en la ENO durante mis años como estudiante. Déjenme recordarles que era una huelga para evitar que nos quitaran a los profesores buenos para ponernos unos malos y que en la carrera tuve un promedio de 8.8, lo que me hizo acreedor a una Mención honorífica en ella. Digo esto para que no va6yan a creer que éramos unos vagos y fósiles. Ninguno de los que participamos tuvo que repetir año. En primer lugar, déjenme aclarar que la huelga a la que sometimos a la escuela (y a los pobres muchachos mayores que nosotros que ansiaban recibirse de volada) duró muchos meses. De hecho, no fue sino hasta el año de 1970 que la Junta de Gobierno de la UNAM, tras analizar detenidamente el caso y los hechos del Dr. Jesús Sarabia decidió (por primera vez en la historia de la UNAM) DESTITUIRLO de su puesto. O sea que no le dieron oportunidad de una salida más digna, como la renuncia. Cuando esto sucedió, ya mi generación se había recibido, pero quedaban otras generaciones muy aguerridas, como la de mi hermano Jorge (69-72?), que descansaron de sus luchas y de los actos de represión que las autoridades llevaban a cabo contra ellos.

Muchos estudiantes de mi generación y de otras que nos seguían se distinguieron en la lucha. Magallanes, Malpica, Mafud, Cameras, Bellamy Haro,  Villaseñor, Oscar Lozano, Oscar Estrada, Castro Núñez, Toledo y su muy amigo Juan, Martínez, Luis Sánchez Rucobo, y de generaciones más “chicas” mi propio hermano Jorge, Adan Casasa, Luis Vélez, que luego se dedicó al cine y a la TV (y le fue muy bien), Sergio Ojeda, María Elena Llarena, Marcia Gutiérrez (quien luego fue integrante del Consejo Nacional de Huelga). Y nuestras “adelitas”, Claudia García Moreno (a quien golpearon los “distinguidos dirigentes” de la Unión de Profesores lidereada por Sarabia, Lozano y Rey García). Además de la famosa Clo, quien luego fue esposa de mi cuate Roberto Magallanes, estaban mi esposa, Marcela, Gaby García Moreno y muchas más; las muchachas de un año posterior al nuestro. Eran un montón, y, además de darnos apoyo moral, “boteaban” para conseguirnos alimentos y refrescos. En una de esas boteadas le tocó a mi esposa detener el auto y obtener ayuda del Secretario Particular del Rector, el Lic. Pedro Noguerón, de grata memoria. 

Otros muchos compañeros se han de acordar de otros nombres. Y me da pena confesarlo, pero me cuesta trabajo recordar los nombres de muchas compañeros y compañeras, tal vez debido a que esto sucedió “apenas” hace 51 años.

Cuando teníamos “tomada” la ENO, al principio éramos, como dije antes, unos cuantos estudiantes bien intencionados en el sentido de que queríamos que se fuera un director que había “corrido” a los buenos profesores para sustituirlos por malos, pero incondicionales a él. Pero luego las cosas se complicaron: al Director se le sumaron muchos pésimos profesores que lo fueron desviando y lavando el cerebro, entre ellos los infames “once” que años atrás habían tratado de sacar a la fuerza a unos de los mejores directores que tuvo la ENO, al Maestro (ese sí) Ignacio “Nacho” Reynoso Obregón. Esos fueron los ganones al final, ya que para sustituir a Sarabia llegó la funesta época de los doctores Zimbrón y Rey García. Con decirles que ninguno de ellos ejercía la profesión en forma clínica y daban clase de la materia que fuera.

Bueno, pero entre los alumnos también se complicaron las cosas porque se fueron infiltrando elementos de todas las tendencias: los de ultra derecha del MURO, los de ultraizquierda trotskistas (esos querían acabar con todo en la sociedad), los policías y militares encubiertos, los de la Federal de Seguridad, etc. Nuestra banda de bien intencionados fue haciéndose minoría. Para qué decir que entre todas esas facciones había guerras intestinas y que a ninguno de esos grupos le interesaba la suerte de la Escuela y menos la de nosotros los líderes y participantes. En general, la mayor parte del tiempo no circuló el alcohol dentro de la Escuela.
Juan Martínez y Miguel Toledo bromeando con Marcela y conmigo. Ca. de 1970.


Una noche, uno de los “amigos”, de primer nombre Nacho (y no diré nada más) nos enseñó a hacer bazukas. Sí, en serio. Bazukas con tubos de cartón y apuntando con una lámpara de mano. El primer disparo con un cuete poderoso (de esos que están sujetos a una vara, de los que echan en las ferias de iglesias de pueblo) fue hacia la parte posterior de la Facultad de Química. Fue un tiro bastante certero que hizo que los pobres vigilantes que allá estaban gritaran que “no disparáramos” porque los podíamos lastimar. Este “amigo” siempre fue sospechosos de haberse robado las piezas de mano de alta velocidad que fue lo único que se perdió durante esta aventura, que reportamos a las autoridades y que nunca nos cobraron.  Otra noche, un elemento de las fuerzas de Corona del Rosal, en un Chevrolet para uso oficial nos llevó a “regalar” una caja de cartón llena de revólveres usados, tal vez requisadas por la policía con quién sabe qué historial. Yo no tomé ninguna, porque sospeché que el fin era obvio: que en una balacera muriera uno de nosotros para producir un mártir que justificara la intervención de las autoridades en la UNAM o que iniciara el movimiento del 68 mucho antes de lo previsto (que era durante la Olimpiada). Otra noche fuimos atacados con ráfagas de metralleta y bombas Molotov que afortunadamente no hirieron a nadie: un auto pasó por el Circuito de las Facultades rociando balas y lanzando las Molotov. Inmediatamente avisé telefónicamente a mi querido amigo (y después compadre) el Lic. Miguel González Avelar (eran altas horas de la noche), quien inmediatamente dispuso se apostaran unas “patrullas” VW de la Vigilancia de la UNAM alrededor de la Escuela. Este amigo y funcionario fue uno de los tres de la Universidad que siempre nos cumplieron, que no nos engañaron y que siempre nos ayudaron en lo posible.
Lic. e Ing. Fernando Solana, Secretario General de la UNAM en 1968.
Lic. Miguel González Avelar, quien fue Director Gral del Profesorado de la UNAM en 1968, en mi casa en 1978.


Un día, al llegar a la Escuela, se me acercó un muchacho ya bigotón (ya no tan muchacho), que me preguntó si yo era sobrino del General de División Fulano de Tal, uno entonces muy influyente. Le contesté que era mi tío. Este muchacho me dijo que le daba gusto conocerme, pues daba la casualidad que mi tío era su compadre, ya que le había bautizado a un hijo. Se me hizo raro. Mi tio, un revolucionario villista de cepa (de los que sí echaron balazos) no era de los que andan bautizando sin ton ni son. Y le hablé por teléfono para saber si esto era cierto. Mi tío desde luego lo negó y me dijo, con su hablar acostumbrado al mando: “Traémelo a la casa sin que se dé cuenta. No le digas nada.” Así lo hice: subí al cuate ese a mi coche y lo perdí dando vueltas hasta llegar a casa de mi tío, quien fue personalmente a abrir su puerta. El muchacho se bajó si saber en donde estaba el pobre. Lo hice entrar a casa del tío y luego luego mi tío lo tomó fuertemente de un brazo y le espetó: “¡Dame tu identificación oficial!”. Tras unos balbuceos por parte de este muchacho (que luego me fue muy útil), del bolsillo trasero del pantalón extrajo una carterita que tenía una credencial que lo identificaba como agente informador de la Dirección Federal de Seguridad. Inmediatamente, sin sentarnos, mi tío tomó el teléfono y llamó imagino que a alguien (no quiero decir algo que no sé) muy muy influyente de aquella Dirección y tuteándolo le dijo en pocas palabras que tenía frente a él al agente Zutano de Tal, que se había tratado de hacerse pasar como su compadre para acercarse a mí con el obvio objeto de vigilarme y enterarse de todo, y que desde momento mi tío hacía responsable a quien le estaba hablando de mi seguridad (y las mis cuates, por supuesto). Fue una plática de un general de División con uno de grado inferior, porque no le dio tiempo al del otro lado del teléfono de responder más que alguna excusa y una afirmación. Luego, ya después de que colgó el teléfono, mi tío se volvió al sujeto y le dijo lo mismo, salpicando la plática con algunos improperios (era y fue la única vez que le oí decirlos, pues era muy educado). Desde entonces tuve acceso a cierta información secreta, como por ejemplo: “No vayas a ir a la junta de esta noche en casa de Fulano, porque va a haber redada”. No me sirvió de nada, porque la absurda organización del Consejo Nacional de Huelga, y luego “De Lucha”, hacía imposible que nos comunicáramos entre nosotros, como no fuera en las Asambleas Generales. Teníamos prohibido darnos teléfonos e información general. Eso condujo a muchas aprehensiones y malos entendidos. Se trataba de copiar la estrategia del movimiento francés de mayo del 68 y del movimiento argelino contra los franceses. Esto lo sé después de que cometimos esos errores. De éstos también habla Luis González de Alba, en sus libros y artículos y también los tilda de estupideces. Esta “protección” no me sirvió gran cosa, fuera de evitar que me detuvieran las autoridades (y a mis cuates). Bueno, a uno sí lo detuvieron porque se quedó en la escuela por la noche, a pesar de que me ofrecí varias veces a llevarlo en mi auto hasta una parada de autobús. Yo no sabía que iba a echar a pelear a los animales con una novia en las camas de los cuartos de recuperación del 4º Piso. A ese sí se lo llevó esa noche el Ejército cuando invadió los terrenos de la CU. Salió meses después, y cuando lo encontré ya estaba “lisito” y dispuesto a cooperar con el gobierno.
Mi amigo y  valiente Rector de la UNAM, Ing. Javier Barros Sierra


Ahora les voy a platicar un poco de nuestras vidas como estudiantes, no como participantes de un movimiento. Mis amigos Raúl Cameras, Aurelio Ortiz Haro, Fernando Lagunas Chávez, Charly Bellamy Haro —que toca la guitarra muy bien y llegó a ser campeón nacional de 400 mts. planos, por lo que perteneció al equipo olímpico mexicano), Raúl Castro Núñez, Roberto Magallanes Ramos, Carlos Cerda Lira, César Camón Alarcón, Joaquin Zavala Cota, Alejandro Basurto, Luis Velasco Mancera, Rubén Malpíca Domínguez, “Mon” Castillo Moya, Mario Uehara, Arturo Rosas, Lourdes Punzo, Velia Ramírez Amador (que junto con  Vicky Rodríguez,  Cecilia Villegas, Martha Collado, Ma. Eugenia Sánchez Olivar y mi esposa atraían las miradas masculinas), Manuel Regueiro, Gustavo Román, y Roberta Collado, Fernando Morales Garfias, Fernando Mejía Tapia, Esperanza Ortiz Gea, Araceli Ortiz de Ora, Pepe Holguín, Vicky Landeros, Armando Mafud, Mario Gatica, Judith Gómez, Alicia González Calva, Cristina Hori Milanés, Edith Díaz Escobar, Mireya Feingold, Pedro Flores, Tere Cordero, Eva Chernizky, Armando Salmón, Alejandro Cabello, Judith Bello, Jorge Campos Molina, Alberto Carballo (un caballero y magnífico conferencista), Enrique Bimstein, Mario Tobías, Carlos Zamora, Amir Gómez León, muchos que se me escapan y yo éramos (y seguimos siendo, los que aún vivimos) estudiantes de diez de calificación. Todos nos distinguimos en los estudios (modestamente) y ahora como ciudadanos y profesionistas. Nadie nos regaló las calificaciones; por el contrario, nos la ponían difícil y eso hizo que nos atreviéramos como grupo completo a pedir el cambio de profesores cuando nos llegaba a “tocar” uno de los que apoyaban al Dr. Sarabia. De esa manera hicimos que regresaran a dar clases varios profesores que ya habían sido corridos y que eran lo mejor en sus respectivas materias. De mi grupo, que en tercer año de la carrera ha de haber constado de unos 60 muchachos, salieron como 10 parejas de novios que se casaron al finalizar la carrera, entre ellos yo con mi inigualable Marcela Vivanco Topete. De esos, luego se divorciaron como la mitad... o más. Algunos de nosotros seguimos casados felizmente y hemos llegado a tener familias sólidas y honradas, con buenos hijos y nietos. 

De ese grupo también salieron valiosos especialistas, maestros y conferencistas, autores de libros y artículos, Presidentes de asociaciones y sociedades, que estudiamos en México y en el extranjero. Curiosamente, el que puso la moda de estudiar en la Universidad de Indiana, emulando a su amigo y mentor el Dr Eduardo Ortega Zárate —un maestrazo y gran persona—, fue Roberto Magallanes, quien ha resultado ser (como lo predijimos antes) un gran rehabilitador oral y experto en materiales dentales.
Dos grandes maestros: Eduardo Ortega Zárate y Roberto Magallanes Ramos Foto de RMR, ca. de 2015

Como grupo éramos imbatibles. Ni alumnos adictos a Sarabia o a Rey ni maestros nos pudieron dominar o doblar. Éramos nosotros quienes los doblábamos. 

Una muestra de los profesores que tuvimos los de mi grupo (el otro tenía maestros clase B) Anatomía Humana con el Dr. Enrique Costa Vidrio, Fisiología nada menos que con el Dr. José Nava Segura, que nos daba una súper clase de Neurofisiología; Farmacología con el Dr. Armando Nava Rivera (¡gran clase!), Histología con el recién desempacado de la USC Dr. Víctor de la Rosa; Materiales Dentales con el recién desempacado de la Universidad de Indiana el Maestro Eduardo Ortega Zárate; Microbiología con el maestro Armando Bayona; Anatomía Patológica con el maestro Pedro Martínez Garza padre (a las 7 AM y ¡nunca faltaba ni llegaba tarde!); Bioquímica con el inenarrable Federico Fernández Gavarrón (yo fui durante unas clases su ayudante debido a mi experiencia previa en Ciencia Químicas); Clínica Dental I con el maestro Enrique Aguilar y sus ayudantes Pepe Raz Guzmán y Luis Sanchez Sotres; y así por el estilo. No puedo dejar de nombrar a mi querido y admirado maestro Pablo Serrano —hombre cultísimo a pesar de ser dentista, ja ja— en Clínica Dental II junto con su gran ayudante, el Dr. Jorge Pérez Gavilán. Ya iré mencionando a los que les siguieron en años posteriores. Con estos maestros no había para dónde hacerse: o estudiabas o estudiabas. Nosotros, u grupo compacto, nos juntábamos para estudiar básicamente en casa de Roberto Magallanes en la Av. Barranca del Muerto (de ahí salieron los planes y estrategias para “tomar” la Escuela en abril de 1968). También nos juntábamos en la biblioteca de mi casa y en el depa de Raúl y Carlos Armando Castro Núñez.
El autor y Miguel Gonzalez Avelar durante la campaña de éste por la Senaduría de Durango. Lerdo, Dgo, 1981.

Les suplico a los lectores, una vez más, que me envíe las fotos que quieran ver publicadas, sobre todo si se trata de personajes mencionados aquí. mi correo es
drmfarill@gmail.com


martes, 21 de octubre de 2014

Vida dentro de la Ecuela que invadimos en 1968


Historia de la Odontología en México 1965-2010

Entrada 11 y final.

Dr. Manuel Farill Guzmán

Miércoles 22 de octubre de 2014. 

Mil disculpas por no haber escrito últimamente, pero mil cosas se atravesaron y tuve que resolverlas.

El caso en que íbamos en los finales de 1965, nuestro primer año. El año siguiente fue uno de gran acción, ya que una turba de maleantes lograron que el Rector Chávez renunciara tras de vejarlo a él y a algunos de sus funcionarios. Fue un momento de pena para la UNAM. Todos los Directores de Escuelas y Facultades se adhirieron al Rector y se solidarizaron presentando sus renuncias, pero hubo algunas excepciones. En el caso de la ENO, el Dr. Santos Oliva presentó su renuncia en forma “irrevocable” esto es, que no se puede echar para atrás.

De esa frase se aprovechó, ese fue el momento en que el Dr. Jesús Sarabia, quien ya tenía todo listo, aprovechó para hacerse de la dirección.  En mi ingenuidad me extraña que las Escuelas de Odontología hayan sido tan codiciadas, cosa que no sucedía—o por lo menos no con igual fervor—en otras escuelas y facultades. Me pregunto cuál sería la razón.

Debo hacer una aclaración. Desde tiempos de la dirección del Dr. Reynoso Obregón, se estaba impartiendo en la Escuela, la Maestría de Ortodoncia a cargo de prestigiados profesores provenientes de los EEUU. Para tomar esos cursos había que pasar un examen de selección, inscribirse en tiempo y forma, pagar las cuotas, aprender y ser aprobado, etcétera.  Ser ortodoncista era muy cotizado en aquellos tiempos, porque como no había más que dos o tres especialistas egresados de escuelas reconocidas (los demás se “decían” especialistas), los que se dedicaban a ésta ganaban mucho dinero. El Dr. Rojo de la Vega alguna vez llamó públicamente a esta especialidad “la emperatriz de la odontología”.

Por lo que nos hemos enterado desde aquel entonces, el Dr. Jesús Sarabia, en su calidad de Secretario General de la ENO se “olvidó” de inscribirse y cuando el curso terminó, dos años después y tras de haber asistido como oyente a unas cuantas clases, se presentó a recibir su título—esperando que se lo dieran sólo por ser Secretario General de la Escuela y amigo de los que sí se habían inscrito—  cosa que no se hizo realidad, por lo que (se decía) desahogó su furia precisamente contra el grupo de los ortodoncistas: entre ellos los doctores Roberto Ruff, Alicia Lazo de la Vega, Roberto Sánchez Woodworth, Juan Borrego, fueron algunos de los profesores que primero despegó de sus clases. Todos ellos una pléyade de buenos ortodoncistas que sí había cursado los estudios correspondientes y que, además, eran excelentes personas y profesores de la Escuela. Luego siguieron otros profesores, empezando con mi amigo el Dr. Abraham Raich, hasta llegar casi a sesenta según cuenta la historia.  Como en ese entonces sólo existía la ADM, todos ellos eran socios de ella.

El Dr. Jesús Sarabia, parado atrás extrema izquierda. Foto del
autor. Ca. 1965
En este momento recuerdo al Dr. Sarabia como ser humano. Era un hombre alto, bien plantado, sinaloense, con acento marcado, muy inteligente, simpático y sagaz—como lo eran todos los colaboradores del Maestro Reynoso Obregón—; moreno, con lentes. En esos días aciagos tuvimos algunas conversaciones con él  algunos compañeros y yo. Desafortunadamente puso en práctica ese refrán: “quien no está conmigo está contra mí” porque seguramente dejó que sus emociones y sentimientos interfirieran con su lógica. Por ello, no sólo se deshizo de excelentes maestros cuya única culpa era no congeniar con sus ideas, con su manera de manejar la Escuela, sino que con el paso del tiempo se rodeó de elementos retrógrados—muchos de ellos ni siquiera ejercían la odontología, menos la buena odontología, ni hablar de asistir a congresos, ofrecer conferencias o a actualizarse—, apodados “Los Once”, que causaron mucho daño a la escuela, al prestigio de la profesión y a la misma profesión. No voy a poner aquí sus nombres, pero ellos saben muy bien de quién hablo. Eran los que anhelaban el poder, ¡por fin se les hizo! Y poco a poco fueron desplazando a los pocos profesores neutrales o regulares que iban quedando, incluyendo al mismo Director. Muchas décadas después, sabía yo que el Dr. Sarabia pasaba con cierta frecuencia cerca de mi consultorio, y me daban unas ganas inmensas de platicar con él (todavía me gustaría) ya sin animosidad, de inquirirle sus razones para haber hecho lo que hizo, siendo el tan inteligente. Ha de haber tenido razón en parte, porque en la vida siempre es así: las cosas nunca son en blanco y negro, sino en technicolor y con muchas gamas de grises.

Regresando dos párrafos, eso produjo un hecho insólito y perverso: el Presidente Electo de la ADM estaba corriendo de la ENO a los profesores distinguidos de esa misma agrupación. Mal aconsejado, tal vez en algún momento de enojo supremo, de frustración, renunció a sus cargos en la ADM y en la Academia Nacional de Estomatología.
En la ADM tuvo que elegirse un Presidente que lo sustituyera, que afortunadamente fue el Dr. Jorge Alemán Muciño (quien organizó con mucho éxito el único Congreso Nacional e Internacional de la ADM fuera de la Capital del país, en Guadalajara, Jalisco) y el Director y sus adláteres no tuvieron más remedio que fundar el Colegio Nacional de Cirujanos Dentistas (CNCD) para tratar de contrarrestar a la ADM, con los profesores de la escuela incondicionales a ellos. No lo lograron. Este  Colegio, ahora, es afortunadamente ya otra cosa.

Más o menos al mismo tiempo, en el año de 1967, hubo que protocolizar la fundación de la
Asociación Dental del Distrito Federal, AC, Colegio de Cirujanos Dentistas, porque era el Colegio “estatal” que faltaba en la ADM para que ésta fuera verdaderamente nacional: había una asociación por cada estado, y en algunos casos, como lo es ahora, había Asociaciones regionales. Su primer Presidente fue el Dr. Enrique C. Aguilar, quien ya había sido Presidente de la ADM. Fuente: (http://books.google.com.mx/books?id=2TWaAAAAIAAJ&pg=PA210&lpg=PA210&dq=Dr.+Jesus+Sarabia+Aguilar+dentista&source=bl&ots=fg_Yjd3NfK&sig=4uEfRXYuaCN35kqE-b7U0FHp_ik&hl=es&sa=X&ei=vfw_VO-SMOac8QGtoYB4&redir_esc=y#v=onepage&q=Dr.%20Jesus%20Sarabia%20Aguilar%20dentista&f=falseverdad). Antes de que la ADDF existiera, los mismos dentistas del DF eran los dirigentes de la odontología de todo el país y no había ningún problema. Fue en ese entonces cuando la ADM tuvo grandes cantidades de socios y mucha honradez entre sus dirigentes, que aceptaban los cargos como honoríficos y traían la camiseta bien puesta.

No había envidias entre los estados y el DF (esas son recientes, y a mi juicio, causadas por malos Presidentes). Ese tipo de animosidad y odio-envidia sólo debe darse entre equipos deportivos, no en una institución gremial profesional con la calidad y antigüedad de la ADM. Es inaudito políticamente hablando. Imagínense a los Diputados o Senadores de los estados sintiendo (y mostrándolo) envidia de los del D.F. Todos son iguales (para bien o mal). Pero eso sólo sucede cuando la gente sabe verdaderamente de política.

Poco a poco, fueron separados de sus cargos más de 60 profesores de los buenos, siendo reemplazados por elementos no siempre idóneos, pero siempre leales al Dr. Sarabia y a su grupo. Llegó el momento en que un mismo “profesor” daba “clases” de hasta 5 ó 6 materias diferentes. ¡Esos sí eran todólogos! Naturalmente, dedicaban todo el tiempo a la ENO y eso solamente les debía haber impedido tener prácticas clínicas exitosas.

Aspectos de la "pinta" de la
ENO. Abajo, R. Magallanes,
Raquel Zagorín, Rbén Malpica
en camino a Rectoría.
Foto del autor, 1968.
Muchos alumnos estábamos descontentos con esta situación: no nos estaban preparando correctamente. Tuvimos pláticas con el Director y con las autoridades universitarias de nivel intermedio sin tener éxito en ellas, Llegamos a apelar hasta la Junta de Gobierno de la UNAM, pero les pareció poca cosa nuestro problema, o esa impresión nos dieron (ya no hay ningún miembro de esa Junta). Por ello un grupo de nosotros decidimos hacer púbica esta actuación injusta y decidimos ocupar la Escuela.

La madrugada del 1º de abril de 1968, once alumnos de 4º año y 5º años, sin hacer uso de la violencia, entramos sin violencia a la ENO y la cerramos, esperando que de un momento a otro nos fueran a sacar a golpes los alumnos o los esquiroles afines al grupo contrario.
Aspecto del patio de entrada a la ENO, 7 AM, abril 1, 1968.
Nunca lo hicieron, hasta el día negro, meses después,  en que el director y algunos profesores entraron a la escuela golpeando a nuestras compañeras. Entonces sí nos hicieron caso las más altas autoridades universitarias, empezando por el nuevo Rector, del que fui gran amigo, el Ing. Javier Barros Sierra, con su Secretario General, el Lic. Fernando Solana y su Director General del Profesorado, el joven licenciado Miguel González Avelar, entre otros.

Esa madrugada, llevábamos una sudadera negra a la que habíamos pegado tela adhesiva en la parte superior de los brazos para reconocernos entre nosotros. El vigilante de la escuela nos permitió la entrada sin grandes aspavientos. Algunos de los compañeros con pintura blanca en aerosol hicieron pintas en las paredes exteriores de la Escuela exigiendo la renuncia del director. Nadie escribió nada ofensivo ni malas palabras. Éramos simples estudiantes universitarios a los que se nos regateaba una buena preparación.

Suena extraño en estas épocas actuales que entonces exigiéramos más estudio, mejores profesores, más calidad en la enseñanza y en la práctica de la misma, pero así fue.

Al otro día, empezaron a llegar los alumnos de la mayoría silenciosa. Muchos se nos agregaron. Aceptamos sólo a aquellos que sabíamos apoyaban nuestra conducta. Tuve que salir a explicarles por qué habíamos tomado esa decisión que debía ser para mejoramiento de todos los alumnos y creo que lo entendieron. Recuerdo que de los nervios tenía la boca tan seca que no podía hablar, hasta que uno de los alumnos a los que me iba a dirigir me ofreció una pastilla de menta y empecé a salivar. Nunca más he tenido ese problema.
El autor haciendo uso de la palabra, Nótense la sudadera
y las marcas blancas en los brazos. Abril 1, 1968.
Empezaba la huelga de Odontología del 68, que luego todo el mundo político quiso aprovechar para “jalar agua a su molino” porque sabían o adivinaban que se venía un movimiento más grande. Tengo volantes y recortes tremendos de los periódicos de aquella época. Unos meses, después—el 26 de julio, en la Ciudadela— empezaba el movimiento nacional del 1968 que habría de rebasar al nuestro. Fue como una ola gigantesca que engulló el problema en Odontología.

El Rector Baros Sierra y su Gabinete encabezando
una marcha silenciosa en 1968.
Les recomiendo la lectura de un libro de Luis González de Alba, dirigente de la Facultad de Ciencias (que estuvo por ello largo tiempo en prisión), llamado “Las mentiras de mis maestros” e donde viene la mejor recapitulación de ese movimiento del que ya nadie se acuerda correctamente. La versión de González de Alba es la más cercana a la realidad que viví.

Y listo. A partir de la semana que entra trataré de tocar temas más festivos y útiles. Muchos saludos.







www.gaceta.unam.mx/index.php/gum60/article/download/5436/5434

miércoles, 3 de septiembre de 2014


Historia de la Odontología en México 1965-2010


Dr. Manuel Farill


Blog 10


Tengo ante mis ojos la foto de mi generación 65-69 de cuando cumplimos 25 años de recibidos. Aquí puse unas fotos parciales de la foto, que no salieron muy bien, porque la foto está pegada al vidrio..  Creo que la fiesta, una comida, fue en un jardín en Tetelpan, arriba de la Calzada del Desierto de los Leones. Ya todos nos vemos creciditos, no como en las fotos que he venido poniendo en estos Posts. Ya el Dr. Pedro González Huerta empezaba a peinar canas, y a muchos de nosotros los varones se nos empezaba a notar que lo que perdíamos de cabello lo ganábamos de panza: “embarnecimos”, como decían las mamás y abuelas—símbolo de que no nos iba mal, a pesar de que acababa de pasar la crisis del 93-94.  

Una parte de la Generación a los 25 años

 O como decía Fernando Lagunas: a algunos el rostro se les iba “haciendo” como la gasolina: cada vez más cara De las muchachas, ni hablar, todas bellas y glamorosas, pero algunas ya con algunos kilitos de más. Y, desde luego, podemos apreciar en la foto el espectáculo que disfrutaban los profesores, porque casi todas ellas gustaban de sentarse en la primera fila de las aulas.


Desde luego que en esta foto no está toda la Generación, sino solamente 69 de nosotros, como número mágico y sexy.
Velia Ramírez Amador


Virginia Landeros Ca 68
Recuerdo que de aquél salón de primer año, en 1965, salieron buenas amistades. Hice una relación escrita de quiénes se juntaban con quiénes y descubrí que el grupo de las muchachas estudiosas, las que se sentaban hasta adelante y eran muy guapas, estaba conformado por Marcela Vivanco, Velia Ramírez Amador, la regiomontana Vicky Rodríguez , Alba de Dios, Cecilia Villegas y María Eugenia Sánchez Olivar. 
Otra vista de la Generación a los 25 años
Había más compañeras guapas, pero éstas que menciono eran las que se sentaban hasta adelante. Más compañeras: Esperanza Ortiz Gea, ahora exitosa psicóloga, aunque ejerció le endodoncia muchos años, eran muy amiga de Cristina Nieto Carreón y de Georgina González Hermosillo. Martha Collado se juntaba con todas y todos, pero en especial con Roberta Collado sin que hubiera parentezco entre ellas.

Eli Fregoso estaba en el otro grupo y siempre ha sido muy guapa y muy simpática. Mireya Feingold, ahora con muchos grados académicos, sigue siendo profesora en la Facultad. Nos sentábamos juntos en la clase de los sábados del Dr. Enrique C. Aguilar, porque nos sentaban por orden alfabético. Nos hicimos muy buenos amigos.

Virginia Landeros era una súper amiga (lo es todavía). Años más tarde fui profesor de su hermana menor en Unitec. Vicky es una gran dentista que aún practica la profesión. Ella casó con un médico otorrinolaringólogo muy cuate y muy profesional, Víctor Reynoso. Judith Gómez (que sigue estando muy guapa) y Tere Cordero (lo mismo) han sido como los buenos vinos: cada año están mejor. Veo muchas caras conocidas, y puedo decirles que entre todos ellos me siento como si tuviera 25 años, porque nos conocimos bien y cuando todos éramos pobres y sin tener pretensiones ridículas ni presunciones tontas. Cuando me encuentro a mis compañeros (pocas veces) en congresos o en las exposiciones comerciales que tanto abundan en México, los sigo viendo como los amigos afectuosos, desinteresados, idealistas que alguna vez fuimos.

Alba, Hilda, Marcela, 1969
Para finales de 1965 hubo una “poda” de elementos, porque algunos no pudieron pasar algunos exámenes y tuvieron que repetir (omito nombres y la verdad ya ni me acuerdo). Durante el año, tuvimos la costumbre de celebrar los cumpleaños de los profesores haciéndoles una fiesta, en la que algunos hacían alguna “gracia”. Por ejemplo, yo dizque cantaba a capella “Marea Baja”, Fernando Lagunas y Carlos Bellamy tocaban la guitarra (luego acabamos cantando juntos, como debía ser), Tere Cordero bailaba y alguien recitaba. Éramos buenos chicos. Todavía no estábamos maleados. Algunos todavía no lo están.  ¡Qué bellos tiempos!

Les recuerdo que necesito nuevas fotos de aquellos grupos, matutinos y vespertinos. Pueden enviarlas por correo electrónico a drmfarill@gmail.com   Mándenme sus comentarios a este mismo lugar.
Los invito a que lean mis libros sobre Mercadotecnia Odontológica y sobre Tips Clínicos y Mercadotécnicos usando los mejores materiales para mí. Informes en el 55-5550-8888.

Nos vemos en quince días.



miércoles, 20 de agosto de 2014

Confi-Dental

Confi-Dental

La Historia de la Odontología en México 1965-2010

Martes 19 de agosto de 2014
Dr. Manuel Farill Guzmán

Parte 9


Mientras nosotros nos la pasábamos bien, hacíamos amigos, aprendíamos y trabajábamos arduamente, había muchas fuerzas en el país que se movían con intenciones oscuras para que México nos avanzara o bien para que México se adaptara a nuevos líderes, que no merecían a México. Aquí tienen una foto de las bellas compañeras de mi grupo.
Lourdes, Marcela, Ma. Eugenia, Alba y Vicky, Gen 65-69, ENO, Ca 1968
Foto del autor
Espero que del otro grupo matutino me envíen fotos, que tendrán su crédito.
 

Siempre he tenido la idea de que mi país, nuestro país, ha merecido mejores hombres que los que le han tocado para dirigirlo. Tal vez sean magníficos elementos, pero a la hora de echar a andar las cosas, a la hora de la verdad, les falta valor civil y prefieren ver por sus intereses y por los de su grupo que por el bienestar de la Nación, para qué nos andamos con cuentos. 



Bueno, pues en México las elecciones presidenciales serían hasta 1970, pero los demonios andaban sueltos y se habían adelantado. Especialmente el grupo del Secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez,
Lic Luis Echeverría A.,
Srio. de Gobernación
 
quien tenía enfrente especialmente a Emilio Martínez Manatou (abuelo del actual “Niño Verde”) que era Secretario de la Presidencia y al Lic. y Gral. Alfonso Corona del Rosal, Jefe del Departamento del DF (aún no había Jefe de Gobierno). Eran nombrados otros dos o tres, pero ninguno tan fuerte como los tres que mencioné. Naturalmente, el secretario de gobernación era el más poderoso y el que tenía bajo su control a la policía política y a los servicios de información. El Rector de la UNAM era considerado como pieza clave en esta competencia, y tenía que ser incondicional del Presidente. ¿Y entonces dónde podía quedar la autonomía universitaria?


Mundialmente, entonces los estadunidenses peleaban a la sorda con los soviéticos (y uno de sus campos de acción importantes era nuestro país), peleaban también en Vietnam, se acercaban los Juegos Olímpicos de 1968 que hacían que los ojos del mundo estuvieran puestos sobre México, los médicos, sobre todo los del ISSSTE querían aumentos en sus salarios e hicieron una huelga, el mundo estaba en caos, y, para acabarla de amolar, los precandidatos del partido estaban ávidos de llamar la atención del Gran Electorel Presidente, quien siempre decía que había consultado a los “sectores del partido” previamentepara que los nombrara tapados.
"El Tapado"
según el celebre Abel Quezada


Para aquellos de ustedes muy jóvenes como para saber quién era El Tapado: ese nombre se le daba al Secretario de Estado entonces no contaba como miembro del Gabinete el Jefe del Departamento del DF, después de todo era un simple jefe de departamento y los otros eran secretarios de estado, es decir, los especialistas nombrado libremente por el Presidente en un tema particular: comunicaciones, agricultura, finanzas, etc.que sólo el Presidente sabía que sería designado por él como su sucesor, al destaparlo. Y como al destaparse se convertían en Presidente, con un poder omnímodo, estaban dispuestos a hacer lo que fuera por lograrlo. Sólo contaba un partido en México, uno que estaba en el poder con diferentes nombres desde 1928 y que no lo había hecho malhasta entonces al construir este país, que estaba en la fase final de lo que se llamó el “desarrollo estabilizador”, que fue un modelo económico utilizado en México entre los años 1952 y 1970. Las bases de este modelo radican en buscar la estabilidad económica para lograr un desarrollo económico continuo.
El periodo en el que se manejó el modelo mencionado, y en que Mexico creció a más del 5% anual, abarca los sexenios de Adolfo Ruiz Cortines,
Lic. Adolfo López Mateos,
Presidente 1958-1964
el más popular del Siglo XX
Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz. Se decía que “sólo de entre los Cardenales (secretarios de Estado), podía salir el Papa” y el Jefe de Gobierno del DF no era Cardenal.
 

También la profesión mexicana estaba agitada. Había dos grandes agrupaciones gremiales: la que agrupaba a la mayoría de los dentistascomo debería de sery proveía la fuerza, era la Asociación Dental Mexicana, que debe haber tenido unos 6 mil miembros en el país. También había la que agrupaba a lo mejorcito de los dentistasconstituida a imagen y semejanza de la Academia Nacional de Medicina y preparada para ser organismo consultor del Gobierno Federalera la Academia Nacional de Estomatología, que tenía unos 60 miembros agrupados por especialidades. Ambas eran aliadas y formadas más o menos por los mismos profesionales.


Además de ellas, había un cargo importante en toda la República: el ser Director de la Escuela Nacional de Odontología, que desde 1942 había recaído en miembros de la ADM (no había otra agrupación nacional) y hay que recordar que en 1965 sólo habían unas cuantas escuelas regionales o estatales, entre las que recuerdo Jalisco, Yucatán, Puebla y Nuevo León,
y puede ser que se estuviera formando la del estado de Veracruz (el eminente Dr. Samuel Fastlichtprimer ortodoncista con postgrado en México y padre de mi amigo el excelente Dr. Jorge Fastlicht—en su estupenda obra “Bibliografía Odontológica Mexicana”,publicada en 1954 habla sólo de las primeras cuatro, además de la Nacional). Entonces, el que era Director de la Escuela de la UNAM era el que tenía la sartén por el mango, como se dice.

 

 


El ser Presidente de la ADM, Presidente Electo de la ANE y Director de la Escuela simultáneamente sólo lo había logrado en sus tiempos el Maestro Ignacio Reynoso Obregón, quien ya proyectaba desde entonces el transformarla en Facultad. Pero en la Escuela, enquistados desde hacía mucho tiempo había 11 profesores (no voy a mencionar sus nombres), que eran los más mal preparados y retrógradosimpermeables al cambio y a los avancesy eran conocidos por todos como “el grupo de los once”. Desde luego que estaban unidos para conservar sus puestos, que eran su modus vivendi, ya que ninguno era exitoso en sus consultoriosde hecho, varios de ellos no tenían consultorios, o los tenían alquilados porque ellos no ejercían o se dedicaban a otras actividades. Por conservar sus ingresos eran y fueron capaces de todo.
Escribo esto porque hay que situar el contexto en el el que se desarrollaron los siguientes años de la odontología en México. Mientras nosotros estudiábamos, había mentes maquiavélicas conspirando contra la paz en el país y contra la UNAM. Y si se quiere, en contra de la profesión odontológica organizada luchando por el control de la Escuela. Además, ¿qué pasó con el Movimiento Médico? En la próxima entrega seguiré con la vida en la ENO. Y vienen más fotos. Ayúdenme enviándome sus fotos a mi correo drmfarill@gmail.com

miércoles, 13 de agosto de 2014


Confi-Dental
Miércoles, 13 de agosto de 2014
La Odontología en México de 1965 a 2010
Dr. Manuel Farill Guzmán
PARTE 7
Todo ese año de 1965 sirvió no sólo para aprender de los profesores, sino también para conocernos entre compañeros. Así se fueron formando grupitos: los de las chamacas que se sentaban hasta enfrente de la clase, la de los matados y matadas; los que gustaban de los deportes; los que echaban relajo, los que no daban una. De igual manera, empezaron a hacerse parejas: que fulano “andaba” con menganita (o viceversa).

El grupo con el que yo me juntaba con mayor frecuencia era uno de mucho relajo, pero de mucho estudio. Parecía o era el Club de Tobi, porque estaba formado por hombres: Joaquín Zavala, Jaime Villaseñor, Raúl Cameras, Raúl Castro, Armando Salmón, Rubén Malpica, Aurelio Ortiz Haro, Roberto Magallanes (en su casa y en la mía nos reuníamos a estudiar materias de esas que nos hacían desvelarnos, como las Ciencias Básicas), Armando Mafud, Carlos Bellamy Haro—un serio estudiante hijo de amigos de mis padres—, y Fernando Lagunas, quien era súper ocurrente. Me da gusto ver que ahora todo ellos son profesionistas de súper primer nivel, con muchos grados académicos, con cátedras famosas, con conferencias en México y en el extranjero, con libros publicados, con prácticas profesionales exitosas. Esto me hace ver que me junté con ganadores.  Eso no quiere decir que no lleváramos buena amistad con los demás, sino que nos conformamos como en una cofradía. Dejen que les cuente una primera impresión de ellos y no se dejen engañar, el que narre en tiempo pasado no significa que ya no sean así, sino que ahora son mejores personas y excelentes dentistas:

Roberto Magallanes vivía en el sur de la ciudad. En el Post anterior hay una foto de él junto con Rubén Malpica. Nos hicimos muy buenos amigos, y no era difícil, porque él era inteligente, juzgado “carita” por las muchachas  y con un buen sentido del humor. Su padre, Don Alfonso, era un dentista de renombre al que le iba muy bien (entonces les iba bien a los buenos dentistas) y su madre, una señora muy bonita y amable, nos atendía muy bien cuando visitábamos su casa, en Barranca del Muerto. Vivía con sus hermanas y un hermano mayor.  Tenía un auto antiguo verde botella muy bien cuidado. Cuando íbamos a su casa siempre nos convidaba yogurt natural que hacían en su casa (que todavía no se vendía profusamente como ahora), que es un producto de la fermentación de la leche producida por bacterias benignas. Si se lo pedíamos, nos regalaba Bacilos búlgaros (así llamábamos a las bacterias yogúrticas).

Una vez me regaló una dotación de éstas, seguí sus instrucciones y, como los bacilos se reproducían a la velocidad de los mexicanos, pronto tuve tanto yogurt que no sabíamos en casa qué hacer con él. No me acuerdo qué les pasó a esos bacilos. En su casa conocí, mediante la TV a un boxeador que entonces iniciaba su exitosa carrera: Cassius Clay, quien con el tiempo cambió su nombre y religión por Mohamed Alí y luego fue campeón mundial indiscutible muchos años: no había quien pudiera con él. Era emocionante ver a Cassius porque no he vuelto a ver a nadie como él en ese peso. También vimos peleas de box de mexicanos, que eran buenísimos en sus respectivos pesos. Pero más me acuerdo de las desveladas de campeonato que nos metíamos antes de exámenes difíciles, como los de Anatomía en aquel año. En años subsecuentes nos desvelábamos también—tanto, que de su casa nos íbamos al examen y luego a desayunar a algún Sanborns—estaba de moda el de Tlaxcala e Insurgentes Sur, a unos pasos del reconstruido Cine de Las Américas, que unos años antes había sido destruido por adolescentes cuando proyectaban la única película de Elvis Presley que pasaron en México (precisamente por esa razón). Desde estudiante, Roberto tuvo una gran facilidad para la odontología, con unas manos muy eficientes y veloces. Sin duda fue uno de los mejores de este grupo. Ahora sigue siendo un gran dentista y rehabilitador.

Carlos Bellamy Haro, hijo de padres que eran grandes amigos de mi madre, resultó que era seleccionado olímpico y campeón nacional de 400 metros planos. Era un muchacho muy espigado, pero duro como el concreto. Pronto nos enteramos que era un gran guitarrista—le había enseñado su padre, un ingeniero químico muy serio— y que sabía canciones bellísimas de las que yo ni había oído hablar. Con él empecé a cantar boleros  y canciones románticas. 
En casa de Yolanda Federico, ella, ´
Carmen Chávez, Gustavo Román (QEPD),
y Carlos Bellamy tocando la guitarra.
Foto del autor, Ca. 1966
Hacíamos un buen dueto. Debo advertir que aunque en esa época rockanrolesca me convertí en bohemio y dejé a un lado a los grandes conjuntos extranjeros que había en esa época, yo ya había escuchado de mi hermano mayor muchas canciones románticas. Mi hermano Hugo me ha contado que cuando yo tenía tres o cuatro años le pedía que me durmiera cantando “muñequita linda”.

Con Carlos hemos seguido una amistad que ya está cercana a los 50 años. Él se casó con una compañera nuestra que ahora es psicóloga clínica y que cantaba muy bien. Siempre he pensado que todo dentista tiene una parte artística que debe explotar, ya sea en forma personal o comercial: escultura, pintura, dibujo, música, baile, actuación, literatura, etc. forman parte de ser dentista. Y ahora, cineasta o fotógrafo que son, entre otras, las nuevas bellas artes. Carlos Bellamy y yo dimos clases en la UNITEC desde que ésta se fundó, en 1969/1970. Ahora resulta que él es el Decano de los profesores de esa Universidad. ¡Cómo pasa el tiempo! Allá por los sesentas llevamos serenatas, hicimos un grupo bohemio en el que nos juntábamos a cantar y a divertirnos en casa de amigos (señaladamente de Yolanda Federico Arreola, una tijuanense agradable y bien plantada). En una de esa reuniones bohemias, años más tarde, me le declaré a mi ahora esposa Marcela Vivanco la noche de un 6 de octubre, el mes de las lunas hermosas. Afortunadamente me dijo que sí. De eso hablaré cuando lleguemos a 1967.

Aurelio Ortiz Haro, Marcela
Vivanco y Fernando Lagunas
en un Congreso ADM, en el
IMSS. Foto de Fernando Lagunas
Ca. 1967
Fernando Lagunas merece un párrafo aparte. Muchacho sano, moreno, de pelo ondulado y muy inteligente y muy gracioso. De Peralvillo. Como buen peralvillense, tenía un ingenio enorme para los juegos de palabras, para el chiste ocurrente, para la imitación de personajesimitaba a los maestros como nadie (basta con recordar su imitación de Nava Segura) y a muchos compañeros y compañeras. Tocaba la guitarra también, más modestamente que Bellamy, pero era entonado y no le huía a la cantada. Era entrón, podía uno confiar en él, y le gustaba el fútbol. Siempre estaba inmaculadamente limpio y llegaba temprano a clases a pesar de la gran distancia que había de su casa a la CU.  Le caía bien a todos. Era un muchacho muy popular, no sólo en nuestro grupo, también en el otro grupo matutino. Tenía un gran don de gentes, lo que ahora se llama “inteligencia social” o en inglés “people skills”. Fernando la “hubiera hecho” bien en cualquier carrera. Ahora que recuerdo a mis compañeros creo que éramos estudiosos, porque no recuerdo a ninguno que haya sido un fracaso. Con razón otro compañero de otro grupo nos dijomientras pulsaba las cuerdas de una guitarra cuando lo invitamos a ir a una conferencia: “No, gracias. A ustedes se les da bien eso del estudio, nosotros somos buenos para la flojera” (palabras más o menos).

Aurelio Ortiz Haro era un buen amigo y compañero muy educado. Su familia decía provenir del héroe Nicolás Bravo (él era Ortiz Haro y Bravo). Vivía en la colonia Narvarte en una casa muy grande en Dr. Vértiz. Era un estudioso nato y tenía muy buen sentido del humor. Era propietario de un Opel muy limpio, que era un auto muy conservador y popular en aquellos años. Era menudo, pero aguerrido y jalaba con todas nuestras bromas.

Rubén Malpica, el Flaco, era un jarocho tímido en aquellos años (luego cambió su carácter para mejorarlo). Era bastante serio, con gafas oscuras casi permanentes (ha de haber tenido algún problema ocular), muy delgado y narigón. Moreno claro, de cabello negro y lacio, tenía sus destellos de simpatía veracruzana y era muy serio en sus proposiciones. Eso no le quitaba que nos cobrara por modelar nuestros dientes en la clase de Anatomía Dentaldiez pesotes por el diente que fuera. Vivía en la calle de Anaxágoras, colonia del Valle, con su familia. Tenía, como podrá imaginarse, una gran facilidad para las cosas manuales. Era muy buena persona y un buen compañero, pero se enojaba con facilidad. Hay una foto de él en el Post anterior.

Raúl Castro Núñez, oaxaqueño de buena familia. Su padre era médico y su hermano mayor, Carlos Armando (muy buen cuate) iba dos años antes que nosotros. Raúl era un buen político (luego fue representante de nuestro grupo) y tenía muy buen humor. Con frecuencia nos juntábamos a estudiar en su depa (en la calle de Gabriel Mancera casi esquina Morena) porque vivía con su hermano y poseían un motor de banco, con el que pulíamos nuestras incrustaciones de metal K. ¡Cómo recuerdo, al pulir las de quinta clase, que de pronto se atoraban en la rueda de fieltro untada con rojo inglés, y se nos iban de los dedos. Sólo escuchábamos ¡clack! cuando caían al piso, pero era muy raro que las encontráramos. Claro, esto sucedía cuando faltaban unas horas para entregarlas puestas en un tipodonto como examen final. Raúl era un amigo querido por todos, y lo sigue siendo. Corrimos, con los demás, algunas buenas fiestas o parrandas. Si algún lector o lectora tiene fotos de Raúl  de esa época, envíelas por correo electrónico y le daré su crédito.

De  Armando Salmón podría escribir un libro, porque era un tipo excéntrico y fuera de lo común. Tenía el cabello café medio claro, lacio y rebelde y se lo mesaba continuamente. Era de tez blanca, tenía una nariz afilada y ojos claros, cejas abundantes. Era hijo de mexicano y estadunidense. Poseía un Opel muy descuidado. Era muy rudo en sus juicios de los demás y laxo en el propio.
Armando Salmón
Foto del autor.
 
Caminaba como con flojera y tenía una risa fantástica y contagiosa. Cuando se reía, su rostro se iluminaba. Tenía los dedos afilados, propios de un pianista, que no era. Sentarse en clase junto a él era una aventura, porque no se podía saber a qué hora se le iba a ocurrir decir una broma o hacer un disparate. Era un extraordinario amigo durante toda la carrera. El no se casó con una dentista. Qué extraño, ¿no?

Joaquín Zavala, el “Joaco”, era tijuanense. Esa denominación era para mí desconocida hasta ese tiempo. Hablaba muy buen inglés y el español estaba lleno de expresiones champurradas: “bato”, “morras”, “línea” en vez de frontera, “pistear” en vez de beber. Tenía un fuerte acento norteño del oeste y a veces usaba botas vaqueras con puntas de plata. Era muy mujeriego (su especialidad: las estadunidenses que acudían a la Facultad de Filosofía y letras en los meses de verano). Era alto, moreno claro, con cejas abundantísimas y dientes envidiables. Como buen norteño, era simpático y sincero hasta las cachas. Lo que decía, lo cumplía. Se juntaba con otros muchachos de allá mismo y a veces hasta con los sonorenses (no se querían mucho los tijuanenses con ellos).
Vivía en casa de huéspedes, de las que conocí varias. Le gustaba “pistear” y juntos y con otros cuates fuimos varias veces a sitios de norteños en la calle de Amsterdam, en Xola y Av. Universidad y en Venustiano Carranzaen esta última nos tocó una vez una batalla campal, de la que salimos bien librados por escondernos bajo una mesa para luego irla moviendo desde abajo hasta acercarnos a la puerta mientras volaban tarros y botellas de Corona. Cuando llegamos a la puerta y salimos a la calle, estaban llegando los policías. ¡Qué salvada nos dimos!  Fue también representante de nuestro grupo en algún año. Entonces, la carrera se estudiaba en cinco años, y no fue sino hasta 1967tercer añoen que los años se convirtieron en dos semestres. Era un muchacho serio y estudioso, aunque tenía su vena de relajo.

Jaime Villaseñor era un michoacano bien plantado, delgado y alto (atención: no había gordos entonces), moreno claro, de cabello ondulado. Muy serio, no dejaba de ser muy aguerrido con las damas y muy simpático. Dedicaba mucho tiempo al estudio. Era un buen amigo mío, y yo tomaba muy en cuenta sus juicios porque era sabio.

Armando Mafud era un mexicano de origen libanés muy agradable (lo es hasta la fecha). Era oriundo de Salina Cruz.  Con el cabello lacio y no muy alto de estatura, fue nuestro compañero más organizado. La hizo también de representante de nuestro grupo y tenía una risa tumultuosa (empezaba a reír y no había cómo calmarlo). En esos tiempos había mucho por qué reír. Vivíamos en una ciudad limpia, cosmopolita, segura, bonita, llena de cosas qué hacer y a la vez vivible por su tamaño y por el número de habitantes (unos 4 millones más o menos). El aire era respirable, podía transitarse en auto o “camión” rápidamente. Para que se den una idea, mi casa estaba en la colonia del Valle.
Trolebús en el Centro, Ca 1967
De ahí a CU, en el sur de la Ciudad, junto al Pedregal de San Ángel, en mi auto (tenía un Volvo blanco de cuatro puertas que me “prestaba” mi padre), hacía yo unos 8-10 minutos. La Avenida Universidad no era del ancho que tiene ahora, y sus camellones ocupaban más espacio. No había Metro por debajo de ella. Se cruzaba Rio Churubusco (que era un arroyo) a través de un puente que hacía saltar a los autos, pero había tramos despoblados en donde se podían hacer 100 kilómetros por hora… Bueno, a lo nuestro. Armando Mafud vivía con su hermano mayor en un  departamento adyacente a la Avenida Taxqueña (ahora M.A. de Quevedo) cerca del cruce con División del Norte.
Raúl Cameras Meneses,
Foto del autor, Ca. 2013
He dejado al final a Raúl Cameras Meneses, mi compadre, que era un buen muchacho de San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Era de buena familia y tuve el gusto de conocer muy bien a sus padres, hermano Leopoldo (el hombre más feliz del mundo) y hermana menor Lupita. Estudió hasta la secundaria en su estado natal, uno de los lugares más bellos del país, y luego llegó a la ciudad (recuerdo que me platicó que se le salieron las lágrimas en el omnibús en el que llegó a la ciudad de México vía Calzada General Zaragoza, al ver el tamaño de la ciudad. Téngase en cuenta que era un muchacho de 15 años). Es de estatura regular, moreno claro, de cabello y ojos oscuros y sonrisa envidiable. Con un sentido del humor extraordinario y con excelentes ocurrencias constantes. Como buen chiapaneco, era muy valiente sin andarlo cantando. Tenía mucha facilidad para los deportes (de vez en cuando organizaban pequeños juegos de fútbol en el estacionamiento de atrás de la Escuela). Era de una inteligencia y simpatía extrema y jamás se rajaba de lo que decía. Posiblemente fue uno de los mejores estudiantes de este grupo, ya que tenía una gran inteligencia y una gran retentiva. Les caía muy bien a todas las muchachas del salón y de la escuela.

Dejaré para otro Post la descripción de otros grupos de compañeras y compañeros.


Reforma e Insurgentes, 1962
Pues, entre estudios,  las inolvidables disecciones en cadáver, prácticas muy interesantes de laboratorio, angustias por el rigor de microbiología, anatomía e histología y embriología nos pasamos el año mientras que nos íbamos conociendo. Fue mi peor año en la carrera, porque tuve 8 de promedio.  

Que yo recuerde  tuvimos dos compañeros que sólo estuvieron ese año con nosotros y luego dejaron la carrera: Luis Stern y una muchacha rubiecita de la que sólo recuerdo que se llamaba Leonor y que era  amiga de Georgina González Hermosillo y de Virginia de los Cobos, hija de otro renombrado dentista. Ojalá me refresquen la memoria algunos de mis compañeros. Recuerden que pueden dejar sus comentarios, sus porras o quejas al final de este blog.

Maestro Ignacio Chávez,
Rector UNAM 61-66
Mientras tanto, en la UNAM estaban cocinándose cambios para mal (según yo). Nuestro Rector era posiblemente el mejor hasta ese tiempo: el Dr. Ignacio Chávez. Había establecido el examen de admisión para quienes quisieran ingresar a la UNAM, vinieran de donde vinieran. Sus ideas eran extraordinarias, pero al implementarlas lo hacía sin vacilaciones, cosa que le ganó enemigos, como sucede con las personas inteligentes, rectas, honradas y que sin titubear persiguen el mejoramiento de las instituciones. A finales de ese año, el Presidente de la Sociedad de Alumnos de la ENO acudió a nuestro grupo para preguntarnos si estábamos de acuerdo con la manera en que el Rector llevaba a la UNAM, y aunque nuestro grupo nada sabía de eso, la mayor parte de los estudiantes de otras escuelas habían votado que “no”. Para quien quiera ver un enlace a la biografía del Maestro Ignacio Chávez, pueden hacerlo en http://www.colegionacional.org.mx/sacscms/xstatic/colegionacional/template/content.aspx?se=vida&te=detallemiembro&mi=98

De vez en cuando me daba mis escapadas y me iba a la Escuela de Ciencias Químicas a visitar a mis compañeros y a olfatear el aroma a ácido sulfhídrico de los laboratorios. Sentía cierta envidia al ver que ellos ya estaban en tercer año y yo apenas reiniciaba en primero. Entonces se decía: “Quien pasa primero y llega a tercero, ya es ingeniero”. Gracias a estas visitas aún conservo la amistad con muchos de ellos.